Sebastián Ladrón de Guevara es el Coordinador de Industrias Creativas en la Secretaría de Cultura de Mendoza, Argentina. Licenciado en Economía, Sebastián supo abrir un nuevo camino para él; repensó su perfil de economista y le otorgó una dimensión cultural.

Es esta mezcla de disciplinas lo que le ha permitido diferenciarse y aportar a la industria cultural una nueva visión. Una perspectiva más “matemática”. Hablamos con él sobre su profesión, la situación de la industria cultural y las necesidades de esta.

Buenas tardes Sebastián, muchas gracias por atendernos. Te dedicas a la coordinación de industrias culturales, ¿desde hace cuánto tiempo desempeñas este tipo de labores?

Sebastián Ladrón De GuevaraBuenas tardes, es un placer comunicarme con ustedes. Mis inicios en este campo se remontan a hace más de 10 años, cuando me especialicé en Economía y me acerqué por primera vez a la Economía de la Cultura en mi tesis final de licenciatura. Por entonces, la tendencia institucional de las industrias culturales y creativas aún era muy incipiente en Mendoza. Poseer este perfil diferenciado para la cultura desde la economía sabía que iba a ser lo que me daría mi espacio en el mundo del trabajo. Y afortunadamente no me equivoqué.

Previamente al trabajo que desempeño ahora, tuve experiencia de estar durante cuatro años en la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de Cuyo. Ahí pude sentar bases para la creación de un Centro de Monitoreo Cultural. Al mismo tiempo, por 2014, empecé a recibir invitaciones de encuentros internacionales sobre creatividad cultura economía, innovación, etc. Así, a finales de 2015, recibí el grato ofrecimiento de tomar la Coordinación de Industrias Creativas de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Mendoza, nada menos que en mi provincia natal. Un orgullo y responsabilidad inmensas.

¿Qué es lo que te llevó a elegir esta profesión?

Desde la adolescencia tuve interés por las matemáticas y por la música. Canto desde los 15 años, y las satisfacciones que brinda la música hacen que uno desee no despegarse de eso. De hecho, actualmente canto de tenor en el Coro de Cámara de la Universidad Nacional de Cuyo.

Por otro lado, la influencia de excelentes profesoras de matemáticas me llevó a estudiar Economía. Mis inicios laborales comenzaron como profesor de matemáticas de secundaria en el Colegio de los Niños Cantores de Mendoza. La música y las matemáticas ya eran cotidianas para mí. Ahora que lo pienso, no sería fácil disociar lo que era natural en mi estructura personal. No parece, por tanto, algo aleatorio el estar desarrollando industrias creativas en este momento.

De todos los proyectos que has realizado hasta el momento, ¿cuál es el que más satisfacción te produjo y por qué?

Estar a cargo del área de Industrias Creativas de la Secretaría de Cultura de de Mendoza es para mí uno de los desafíos de mayor responsabilidad y satisfacción personal. Poder coordinar acciones culturales de mi lugar de residencia me permite conocer más de cerca las distintas realidades de los sectores de industrias creativas.

La experiencia que tuve durante más de 20 años como profesor es muy reconfortante. Pero las posibilidades de desarrollo que se brindan desde una Secretaría de Cultura, sumado a los programas que hemos creado acordes a nuestro objetivo de extensión en territorio cultural, realmente hacen la diferencia. Algunos de esos proyectos son: COMECOCO, Encuentro de Industrias Creativas de Mendoza con una mirada latinoamericana (tercera edición); Ciclos de Encuentros en Industrias Creativas en le Territorio (más de 125 encuentros en tres años); SoyTextil, Muestra con exposición y venta del sector texil de Mendoza con capacitaciones y rondas de negocios; entre otros.

La gestión de las industrias creativas es muy amplia… ¿por dónde se comienza a trabajar en un proyecto de este tipo?

Creo que conocer todo el ámbito territorial de impacto del área pública de Cultura, que en mi caso es provincial, es clave. Nosotros, por ejemplo, comenzamos recorriendo 10 sedes de las 18 que tiene la provincia. Esta acción nos permite vincularnos especialmente con los emprendedores creativos de todo el territorio mendocino. Gracias a este diagnóstico, tenemos una guía dentro del área de Industrias Creativas para toda la gestión de una forma dinámica, creativa, referenciada y también experimental.

De todas las fases de ese proyecto, ¿cuál es la que crees que supone un mayor esfuerzo?

Un aspecto al que no se le suele dar demasiada importancia, y debería, es la parte administrativa desde lo público. Esta parte del sistema es clave conocerla para entender una variable determinante: el tiempo. Muchas veces no se conocen los movimientos administrativos que generan la “magia” de la gestión cultural. Esto provoca que los pedidos, las solicitudes o las presentaciones de proyectos sean, en ocasiones, a destiempo de los presupuesto. Creo que es necesario abrir espacios de diálogo para dar a conocer más los movimientos y plazos administrativos públicos.

¿Y cuál es la que tú más disfrutas?

Lo que más he aprendido a disfrutar en mi labor como coordinador de Industrias Creativas es poder experimentar, crear, proponer acciones que destaquen lo local y obtener miradas, palabras, gestos de agradecimientos que hacen recobrar energía para profundizar los objetivos.

¿Podrías destacar algún factor imprescindible para desempeñar esta profesión?

Desaprender. En el presente, lo establecido ya no es tal. La creatividad propone nuevas formas de trabajo, los métodos son diferentes, o a veces no hay ni método. Hoy lo único seguro es el cambio.

Has sido alumno del Máster en Gestión y Dirección de Industrias Culturales, ¿dirías que es importante la formación en este área?

Es necesaria. No solo por sus contenidos y dinámicas de estudio, que en algunas prácticas me resultaron muy interesantes. También para darle institucionalidad a una de las áreas más dinámicas para el sector cultural.

Como coordinador de industrias creativas… ¿cuáles crees que son los retos a los que se enfrenta actualmente esta industria?

Uno de los principales retos es su reconocimiento traducido en proyectos legislativos provinciales o nacionales. Como en el caso de Chile y Colombia, que tienen sus propias leyes de Economía Creativa. Creo que es necesario tanto por el aporte de las mismas a las economías nacionales como por su clave rol en el desarrollo de nuevas sociedades más sostenibles.

Poniendo el ejemplo de Argentina, a nivel institucional este país ha creado áreas específicas y programas como el MICA, Mercado de las Industrias Creativas de Argentina. También destacan los MICSUR, Mercados de las Industrias Creativas de Sudamérica, que se vienen realizando hace aproximadamente 10 años.

¿Y sus mayores necesidades?

En mi opinión, el financiamiento específico según la naturaleza de las mismas. Al no tener en su mayoría una presencia reconocida como un sector económico, no existen líneas de fomento generalizadas en el sector privado. Las existentes son preponderantemente estatales.

¿Por qué dirías que son importantes los proyectos e industrias culturales?

Generan resultados que benefician directamente al emprendedor, a diferencia de otros sectores productivos. Los proyectos de industrias creativas son intensivos en talento y esto no es posible sin el recurso humano. Por ende, los esfuerzos se trasladan a generar mayores oportunidades de empleos directos e indirectos, sobre todo en la población de mujeres jóvenes, que suelen ser la preocupación del mundo del trabajo según organismos internacionales.

Por último, ¿podrías resumir tu profesión en tres palabras?

Deseo, equipo, creatividad.