Lorena Saura se ha estrenado este año como comisaria.

Alumna del curso de Especialización en Diseño y Gestión de Exposiciones, ha tenido la oportunidad de poner en marcha su proyecto final en el programa Inéditos de La Casa Encendida de Madrid, exposición disponible hasta el 16 de septiembre.

“Cuerpo presente. Censura y performatividad” es el nombre de su primera muestra expositiva, donde reflexiona sobre el uso artístico del cuerpo como elemento reivindicativo en el tardofranquismo español. Hablamos con ella sobre su trabajo y su primera experiencia de comisariado.

 

Buenos días Lorena, muchas gracias por atendernos. En primer lugar, enhorabuena por la inauguración de tu exposición “Cuerpo presente. Censura y performatividad” en La Casa Encendida de Madrid. ¿Podrías ponernos un poco al corriente de qué trata esta muestra expositiva?

Buenos días. Gracias a vosotros. La exposición es una revisión historiográfica sobre el uso del cuerpo como elemento artístico con una cronología que abarca desde finales de los años 60 hasta principios de los años 90 en nuestro país. El eje principal parte de la tesis que plantea Maite Garbayo en su libro Cuerpos que aparecen. Performances y feminismos en el tardofranquismo. En este, la autora desarrolla la idea de que estas expresiones artísticas se dieron con una intención política frente al contexto histórico del momento.

Las obras a las que el visitante se podrá acercar en la exposición intentan explorar la transformación del cuerpo a través de diferentes acciones y espacios, donde no importa tanto el resultado, sino el propio proceso creativo.

Exposición Lorena Saura

¿Qué te llevó a hacer una exposición con esta temática?

Soy historiadora y siempre me han interesado los procesos socio-políticos paralelos a los grandes discursos. En este sentido, siempre me he sentido muy atraída por el arte contemporáneo. Ya conocía la nueva figuración y la abstracción de aquella época, pero me sorprendía que en un contexto tan convulso no hubiera manifestaciones más políticamente comprometidas. Entonces llegó a mis manos un artículo de Maite Garbayo: Dar presencia al cuerpo: prácticas performáticas en el tardofranquismo. Así empecé a interesarme más por el tema. El trabajo de Pilar Parcerisas, Conceptualismo(s) poéticos, políticos y periféricos. En torno al arte conceptual en España, 1964-1980, me introdujo en el marco artístico de los años sesenta y setenta del siglo XX en el Estado Español y la aparición de los “nuevos comportamientos artísticos” o conceptualismos.

Me interesaba mucho también dónde quedaba la mujer en todo esto, así que recurrí a la exposición por referencia y al catálogo de Genealogías feministas en el arte español: 1960-2010 (MUSAC, 2012-2013) de Patricia Mayayo y Juan Vicente Aliaga, que trata el posicionamiento feminista en la historiografía artística desde los años sesenta. En esta revisión también destaco el trabajo de Juan Albarrán Diego: Del fotoconceptualismo al fototableau. Fotografía, performance y escenificación en España (1970-2000) y el de Jorge Luis Marzo y Patricia Mayayo en Arte en España 1939-2015, ideas, prácticas, políticas.



Todas las exposiciones deberían trasladar cierta reflexión. En tu caso, ¿qué buscas provocar en los asistentes?

Me gustaría que los visitantes que acudan a ver la exposición, ante todo disfruten de la experiencia: que se rían, reflexionen, que descubran, se sorprendan e incluso se sientan identificados; al fin y al cabo, todos tenemos un cuerpo. Pretendo visibilizar el trabajo de estas y estos artistas, que si de por sí no es fácil acceder a ellos de primera mano, menos de manera conjunta. Me gustaría que los asistentes pudieran apreciar cómo estos procesos creativos que comienzan a darse en los años 60 buscan un nuevo posicionamiento, tanto físico como simbólico, frente al sistema artístico y socio-político del momento.

En esta misma línea, el objetivo es que el espectador llegue a plantearse que el uso del cuerpo y su exhibición sigue siendo un tema tabú. Muchos de los planteamientos e intencionalidades de las obras que se exponen, a día de hoy siguen siendo temas de actualidad; hablan del fin de la objetualización de la mujer, su sexualización y la mercantilización de su cuerpo, de la recuperación de la memoria histórica, el posicionamiento frente a los modelos heteronormativos…


¿De qué manera La Casa Encendida encaja con tu propuesta expositiva como espacio cultural?

La Casa Encendida siempre ha sido una institución de referencia para mí. Durante mis años universitarios, pasé muchas horas en su biblioteca y desde muy temprano me acerqué a sus exposiciones y actividades. Se trata de un espacio de exposición y creación contemporánea muy coherente, con una programación muy vanguardista y de actualidad que apoya el arte contemporáneo emergente, la educación y la creación de nuevos modelos más sostenibles. Creo que de alguna manera ha sabido dar cabida a muchas de las necesidades del barrio y hacer de elemento integrador del mismo. La verdad es que no podía tener mejor marco expositivo, un lugar en el que vanguardia y nuevos planteamientos se dan la mano.


¿Qué crees que te hizo conseguir que tu obra se expusiera como parte del programa “Inéditos 2018”?

Creo que mi exposición encaja bastante bien con la filosofía de La Casa Encendida. Se trata de una muestra con ideas muy actuales. Como comentaba anteriormente, muchas de las lecturas que podemos hacer de las obras transmiten un posicionamiento personal con respecto a varias cuestiones sociales que a día de hoy siguen siendo objeto de reivindicación. Quizás por eso desde La Casa Encendida consideraron importante dar salida a esta propuesta y al trabajo de todos estos artistas.

 

¿Qué supone para ti a nivel profesional y personal este logro?

Para mí, haber sido seleccionada en la convocatoria de Inéditos supone iniciarme en el mundo expositivo de primera mano. Se trata de mi primera experiencia como comisaria y ha sido una grandísima oportunidad. He podido adquirir muchísimos conocimientos prácticos y conocer el trabajo de gestión de una exposición desde dentro. Ha sido un proceso muy enriquecedor.


Ahora que la exposición ya está inaugurada, ¿podrías hablarnos de cómo ha sido todo el proceso organizativo?

Desde que en febrero me comunicaron que había sido una de las seleccionadas, ha sido un no parar. La primera semana tuvimos una reunión con el equipo de La Casa Encendida, donde nos pusimos caras entre todos y nos explicaron el organigrama a seguir hasta el día de la inauguración. Los plazos son ajustados, teniendo en cuenta que desde que hacen público el fallo del jurado y se inaugura la exposición pasan cuatro meses, pero razonables.

En mi caso, al trabajar con mucha obra que provenía de museos, la selección que propuse en un primer momento se vio modificada por cuestiones de plazos y condiciones de préstamo. Pero no por ello el planteamiento ni el discurso de la exposición ha cambiado.


Tu exposición parte del proyecto final del Curso Universitario de Especialización en Diseño y Gestión de Exposiciones ¿Qué pudiste aprender en el curso de cara a poner en marcha ese proyecto?

Gracias a ese curso realicé el proyecto en base a muchos de los apuntes y las unidades didácticas. Cuando lo desarrollé, fantaseaba con que pudiera llevarse a cabo ¡y mira! El contenido del curso me dio una visión global y práctica tanto del diseño conceptual de una exposición como de aspectos más prácticos como el montaje, la correcta conservación de las obras, la iluminación... Me ayudaron mucho los casos prácticos y el material complementario facilitado, así como la actualidad de los mismos.

El temario recoge los cambios de roles que se están comenzando a dar en cuanto a gestión cultural y de exposiciones, dando así cabida a nuevos agentes culturales, nuevos canales de difusión y el uso de nuevas tecnologías como herramienta imprescindible por parte de las instituciones y agentes culturales en su labor de gestión y de comunicación.

 

En el paso de la teoría a la práctica, ¿qué lecciones te has llevado tras la puesta en práctica de organizar una exposición?

La idea principal con la que me quedo en cuanto a la organización de una exposición es que evolucionas con ella. Me refiero a que tienes que estar abierto a cambios, en ocasiones a muchos. Desde que presentas el proyecto expositivo, cierras la selección de obras, construyes el discurso museográfico, te adaptas a las necesidades de las obras, las condiciones de los prestadores, de la sala… hasta que finalmente se inaugura, han cambiado muchas cosas. Lo que esperabas cambia, pero tú has cambiado con todo ello, y en mi caso para bien.

De alguna manera he aprendido a adaptarme, a lidiar con imprevistos y a mantener la esencia del proyecto pese a todo. He podido conocer cómo se gestiona un presupuesto real y poner en práctica conocimientos que había estudiado relacionados con el transporte, conservación, iluminación y manipulación de obra.


Y para concluir… ¿Repetirás esta experiencia? ¿Por qué?

Me encantaría volver a tener la oportunidad de comisariar otro proyecto expositivo. Animo enormemente a toda persona interesada en el comisariado de exposiciones a presentarse a esta convocatoria de Inéditos. He podido aprender de la experiencia y el saber hacer del equipo de La Casa Encendida, que me ha ayudado en todos los aspectos. Ha sido una experiencia muy enriquecedora que me ha ayudado a crecer profesional y personalmente.