Imma Tralli ha terminado recientemente el curso de Marketing Cultural, Comunicación Digital y Social Media. Sin embargo, su conexión con este ámbito viene de más atrás. Desde abril, se encarga de gestionar la comunicación del estudio de Carlos Aires en Mala Fama, unos estudios artísticos que también hace las veces de lugar de experimentación y encuentro entre artistas.

Como proyecto final del curso, Imma ha realizado el plan de marketing para el estudio artístico en el que trabaja.

Hablamos con esta profesional de la cultura sobre Mala Fama, la relación entre marketing y cultura y cómo es trabajar en el mundo del arte.

Uno de los talleres de Mala Fama

 

Buenas tardes Imma, muchas gracias por atendernos. En primer lugar para el que no lo sepa, ¿qué es Mala Fama Estudios?

Buenas tardes, gracias a vosotros para darnos esta oportunidad. Mala Fama Estudios es un hervidero artístico que toma el nombre del mítico bar de la movida madrileña Mala Fama. Surge en 2016 como un lugar de experimentación, trabajo y encuentro de artistas y otras personas relacionadas con la cultura underground.

Mala Fama nace gracias al artista andaluz Carlos Aires. Con una extensa carrera internacional, Carlos ideó este inmenso espacio para ofrecer una alternativa a la precaria situación de los artistas en España, quienes trabajan en estudios angostos debido al alto coste de los alquileres en Madrid. Su idea era trabajar en espacios con luz natural, techos altos, cómodos y baratos.

Por ello, con una planta de 500 metros cuadrados, Mala Fama Estudios alberga el taller de Carlos y de otros artistas muy apreciados en el escenario artístico contemporáneo: la pintora Ruth Quirce y la artesana Marta Corsini, el pintor Alejandro Botubol y Gustavo Blanco-Uribe, el fotógrafo y medico Rafael Diez, el pintor y video artista Hugo Alonso y el escultor, video artista y fotógrafo Jorge García.

 

Como residencia artística, ¿qué servicios ofrece?

Mala Fama no solo dispone de estudios de trabajo. También ofrece una cocina equipada y una terraza donde organizar comidas al aire libre, con el objetivo de crear un ambiente familiar y de hogar. Además, cuenta con equipo de iluminación, sonido y video de alta calidad que permite todo tipo de presentaciones, incluidas manifestaciones artísticas. El espacio central es polivalente, y sirve como punto de encuentro donde los artistas comen, dialogan e interaccionan fuera de sus talleres. Creemos que es importante tejer una comunidad artística activa sin depender de instituciones culturales, sino desde el propio espacio de creación.

 

¿A quién se dirige Mala Fama?

Mala Fama Estudios se dirige a todos los amantes del arte fascinados por prácticas experimentales e innovadoras. Su público está formado por artistas españoles e internacionales que viven o quieren vivir en Madrid, para compartir un espacio de residencia artística. Los “malafameros” son artistas con carreras ya reconocidas en el panorama artístico nacional o internacional, de manera que puedan auto gestionarse y sostenerse, contando sobre una buena red de contactos. Además, alquilar los estudios a artistas reputados hace de Mala Fama un atractivo para profesionales relevantes en el mundo del arte.

 

En la página web del estudio habláis de que Mala Fama quiere ser “algo más que un estudio”, ¿cuál es el concepto de este espacio?

Mala Fama no es solamente un espacio donde trabajar en sinergia con los otros artistas, sino también un lugar de vida por su faceta de residencia, en constante transformación. Se convierte en galería de arte durante los eventos abiertos al público, y es un centro de experimentación de artes vivas cuando se presentan performance o happening, que siempre prevén elementos de casualidad.

De hecho, Mala Fama es un espacio donde compartir experiencias. Su concepto trasciende el de creación, porque incluye también promoción, interconexión y comunicación entre artistas, comisarios, galeristas, coleccionistas, críticos de arte y sociedad, por supuesto.

Además, es un espacio independiente, que funciona sin ninguna subvención, de manera totalmente autogestionada. Esto, unido a que es uno de los primeros espacios de estas características en Madrid, aporta una combinación libre y sin censuras a la hora de programar y presentar proyectos.

 

Dentro de la oferta madrileña, ¿qué lo diferencia de otros estudios artísticos?

Creo que Mala Fama destaca por la cualidad de nuestra oferta cultural y la participación de los agentes culturales que esta genera. A despecho de su nombre, Mala Fama Estudios tiene muy buena reputación gracias a la carrera internacional de Carlos y a los artistas mencionados. Estos estudios cuentan con una red de contactos que los artistas residentes pueden compartir entre ellos.

Por ejemplo, con motivo de la feria ARCOmadrid, Mala Fama organiza cada año un evento paralelo llamado “Visit Carajillo”, donde se invita a profesionales que participan en la feria. Este año hemos registrado en este evento una muy buena venta de obras para los artistas en Mala Fama.

 

¿Cuál es el propósito de Mala Fama dentro del mundo artístico?

La razón de ser de Mala Fama es devolver al artista el protagonismo que ha perdido en los últimos años, principalmente en un país que flaquea en aspectos tan importantes como el “estatuto de artista”. Estos estudios buscan empoderar la creación como centro de un sistema que no existiría sin el trabajo de los artistas, que son los más desfavorecidos de todo el engranaje cultural.

El mercado artístico es un monstruo que ha convertido el arte en un producto de consumo, olvidando el proceso creativo y su desarrollo fuera de la especulación comercial. Mala Fama quiere potenciar y activar un espacio fuera de estos intereses, donde el diálogo entre los diferentes agentes culturales suponga un generador de ideas e intercambio de conocimiento.

 

Como profesional de la gestión cultural, ¿qué es lo que te llevó a trabajar para Mala Fama?

Conocí a Carlos cuando trabajaba como asistente en comunicación en la plataforma Hablarenarte. Me encantaba la posibilidad de trabajar en Mala Fama, ya que lo imaginaba como algo muy dinámico y estimulante. Estoy convencida de la importancia de este lugar, ya que, en una sociedad tan individualista, trabajar juntos y compartir un espacio es una posibilidad para volver a vivir el espíritu de comunidad. Asimismo, siempre me ha fascinado el toque de los artistas residentes en Mala Fama, y la naturaleza con la cual se relacionan las personas.

 

¿Qué se tiene que tener presente a la hora de realizar el plan marketing y comunicación de un estudio artístico?

Creo que la clave está en adquirir competencias prácticas generales que puedan ser aplicadas concretamente al desarrollo de un plan para un estudio artístico. Estas capacidades genéricas son imprescindibles en el ámbito del arte, ya que no todos los artistas saben cómo mejorar el propio negocio. Por tanto, es importante plantearse una serie de aspectos como el análisis del mercado, la competencia o el desarrollo de una propuesta de valor.

 

Artistas e Integrantes de Mala Fama 

 

Como alumna de IGECA, ¿qué te ha aportado la formación a la hora de desempeñar esta labor?

Hacer un curso en Comunicación y Marketing me ha aportado una serie de instrumentos que antes no consideraba. He adquirido competencias que me están permitiendo ampliar mi mirada hacia al mundo del arte y de la cultura. El profesor de Harvard Clayton Christensen habla de cómo las tecnologías determinan ahora la economía, “destruyendo” y reemplazando así el modelo de mercado anterior. Conocer todos estos nuevos instrumentos me ha dado muchas claves de comprensión del contexto social, cultural y económico contemporáneo.

 

Marketing y arte son dos campos cada vez más próximos, ¿por qué dirías que el marketing y la comunicación son necesarios en la cultura?

Marshall McLuhan afirmaba que “el médium es el mensaje” para subrayar que el médium, en este caso, el canal de transmisión, tiene más importancia que el mensaje en sí. En la era de Internet, es imposible alcanzar una buena audiencia sin las redes sociales y la promoción online. Es por esto que no se puede difundir un contenido cultural, de la naturaleza que sea, eludiendo los canales de comunicación. El marketing cultural contempla todo esto, y la cultura no debe ignorarlo si quiere sobrevivir.

 

Al ser marketing y arte dos disciplinas tan diferentes, ¿cómo es la relación entre estas?

Hoy hay dos posturas diferentes respecto a la relación entre marketing y arte. Aquella que apoya la aplicación de la herramienta del marketing después de que una obra de arte esté diseñada, dejando al artista completa libertad de creación y sin tener en cuenta la opinión del audiencia; y la que aboga por la aplicación del marketing de manera integral, antes, durante y después de la creación de la obra. En mi opinión, para que se mantenga la esencia del arte la primera postura es la más adecuada.

 

¿De qué premisa debería partir un profesional del marketing cultural para mantener la esencia del arte?

Más que partir de una premisa, yo diría que el profesional del marketing cultural debería plantearse algunas preguntas para que el producto artístico no sea solamente un producto cotizable. Este profesional debería tener siempre en cuenta el valor de la cultura más allá del propio precio de mercado, algo que importante para que sepa cómo difundirlo. El trabajo del profesional del marketing cultural no puede desarrollarse de manera ajena al interés social.

 

Por último, ¿qué te aporta trabajar para el mundo del arte?

En este mundo se necesita mucha pasión, determinación y energía porque, tal vez, los resultados tarden en aparecer. Pero a pesar de eso, estar rodeada siempre de artistas y gente creativa hace que mi vida sea más estimulante y completa.