El patrimonio cultural no es solo algo estático, sino que los tiempos están dándole a este tipo de recursos culturales un papel activo en la sociedad. Pero para empezar a hablar de esta nueva realidad, tenemos que partir de una pregunta: ¿Qué es el patrimonio cultural?.

Turismo Cultural y Patrimonio

Patrimonio cultural.

En términos generales, patrimonio cultural es todo aquello que socialmente se considera digno de conservación. Si nos fijamos, esta definición contiene un carácter social. Este rasgo implica que el patrimonio es subjetivo; dependerá de los valores que la sociedad atribuya a determinados bienes culturales y artísticos en un momento concreto de la historia. De aquí deducimos una característica fundamental del patrimonio: está en constante cambio.

La importancia del patrimonio radica en su función identitaria. El patrimonio cultural actúa como elemento de cohesión entre pueblos, otorgándoles así identidad propia. De hecho, cada vez se aboga más por una nueva definición que ponga como prioridad este valor simbólico. Así, la UNESCO establece que patrimonio cultural son “los elementos naturales y culturales, tangibles e intangibles, mediante los cuales los grupos sociales reconocen su identidad y se someten a pasarla a las generaciones futuras de una manera mejor y enriquecida”.

¿Cómo se gestiona el patrimonio cultural?

Ya podemos hacernos una idea de qué es el patrimonio cultural pero ¿cómo se gestiona?. Tradicionalmente, el patrimonio era algo intocable e inamovible. Un bien cultural relegado a su mera conservación. Sin embargo, ese paradigma está cambiando. Hoy por hoy, la gestión cultural apuesta por nuevos y diversos usos del patrimonio. En definitiva, dinamizar la riqueza patrimonial para liberarla de su carácter estático.

Uno de estas nuevas funciones del patrimonio es la social. Actualmente, la gestión patrimonial hace hincapié en su contribución al desarrollo sostenible y la cohesión entre comunidades. Aunque hay patrimonio cultural que se sigue empleando con su finalidad original, otros muchos lugares patrimoniales se han adaptado a nuevos usos. Y es esta nueva dimensión la que garantiza el mantenimiento y la sostenibilidad del patrimonio.

Por tanto, la realidad trae consigo un nuevo papel del patrimonio. Actualmente, el éxito de su gestión pasa por una visión global que sea capaz de:

  • Emplear un proceso basado en los valores propios del bien.
  • Adoptar enfoques que prevean y gestionen el cambio.
  • Invertir en la relación entre el patrimonio y la sociedad.

¿Cuál es la relación entre turismo y patrimonio cultural?

Hasta el momento, podemos concluir que el patrimonio ha de ser algo dinámico que contribuya al crecimiento de la sociedad. Y en este sentido, el turismo cultural se ha consolidado como una de las mejores opciones. Si consideramos el patrimonio cultural como algo estático que debe ser conservado, nos encontramos ante una carga económica. Sin embargo, gracias, por ejemplo, al turismo, el patrimonio cultural puede transformarse en un motor de desarrollo económico y social. Generación de empleo, desarrollo de ocio cultural, empresas de conservación e interpretación, comercio especializado… A merced del turismo, la riqueza patrimonial es un recurso capaz generar beneficio por sí misma.

Podríamos definir turismo cultural como “movimiento temporal de personas hacia una atracción cultural fuera de su lugar habitual de residencia, con la intención de satisfacer necesidades culturales”. Y es que uno de los mayores cambios del turismo en este siglo está en el papel del turista. Este ya no es un simple curioso, sino que busca activamente el conocimiento.

Ese turismo cultural ha sido responsable de la puesta en marcha de numerosas acciones de valorarización del patrimonio. Así, este se convierte en un elemento dinamizador, a nivel económico y cultural, de muchos territorios. Sin embargo, el patrimonio no es necesariamente un recurso per sé. Para convertirlo en un atractivo turístico, es necesario un proceso de organización e inversión.

A continuación, os dejamos algunas acciones que pueden ayudarnos a sacar provecho turístico del patrimonio cultural:

  • Intervenciones sobre la interpretación: Como todo bien cultural, el patrimonio ha de ser descifrado para su disfrute. Pero muchas veces, el turista no dispone de todas las herramientas para comprender el objeto artístico. Por ello, es necesario que el patrimonio vaya acompañado de guías para su interpretación. De esta manera, se garantiza su correcta accesibilidad cultural, algo imprescindible para que la experiencia turística sea satisfactoria.
  • Rutas turísticas: Este recurso permite integrar en una sola oferta turística elementos que, individualmente, puede que no alcancen interés suficiente. Con la suma de estos bienes individuales, se genera un producto final mayor que permite incrementar los beneficios sociales y económicos.
  • Museos y exposiciones: Si bien todos conocemos de sobra los museos, el rol de estos está cambiando. Al igual que el patrimonio ya no es algo estático, los museos ya no deben restringirse a la simple conservación de bienes culturales. Hoy por hoy, el reto de estos lugares es jugar un papel fundamental en el desarrollo cultural de las comunidades locales.
  • Eventos: A la hora de atraer turismo cultural a una localidad, los eventos se han consolidado como una gran opción en materia de festivales de música y teatro, recreaciones históricas, mercados o fiestas temáticas.
  • Parques temáticos y recreativos: Un parque temático es un espacio destinado a albergar una gran cantidad de visitantes bajo un hilo argumental. Y en lo que respecta a ese hilo conductor, el concepto puede ser cultural. Espacios naturales, recintos culturales, sitios históricos o nuevos lugares patrimoniales se están erigiendo como una gran oferta de ocio y descubrimiento cultural al mismo tiempo.

Estas son algunas herramientas que permiten dinamizar el patrimonio, transformándolo así en recurso turístico capaz de contribuir al desarrollo social y económico. Y ese es el nuevo propósito del patrimonio cultural: servir como activo a la sociedad en la que se inserta.


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