Cuando un artista crea una obra, esta va inevitablemente ligada a unos correspondientes derechos de propiedad intelectual. Y estos son innegables al artista por su condición de autor.

Por tanto, al ser una realidad inherente a las creaciones artísticas, en la industria musical resulta fundamental saber cómo gestionarlos. En este artículo vamos a explicar los aspectos básicos de la ley de propiedad intelectual y cómo se aplican al día a día de la realidad musical.

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¿Cuáles son las esferas de la propiedad intelectual?

A la hora de regular la propiedad intelectual, la ley tiene que atender dos características básicas de las creaciones artísticas. En primer lugar, debe comprender que la obra es fruto de la creatividad de un autor, por lo que la relación entre creador y creación debe ser reconocida. Y en segundo lugar, no puede olvidar que también se trata de un producto con potencial para generar ingresos en la industria.

En este sentido, la ley de propiedad intelectual contempla dos esferas: la moral y la económica. Mientras que los derechos morales están relacionados con la integridad del autor y su creación, los derechos económicos o patrimoniales abarcan la explotación de la obra con un objetivo lucrativo.

Así, la función de los derechos morales es reconocer la condición de autor sobre la obra. Estos derechos son irrenunciables e intransferibles; solo corresponden al artista y le acompañan durante toda su vida. Pero el carácter mercantil de las obras hace que los derechos morales sean escasos a la hora de gestionar las creaciones. Y es que, en una industria tan compleja como la cultural, resultaría muy difícil que un creador se encargara de la gestión total de sus derechos.

Por ello, la propiedad intelectual incluye los derechos patrimoniales. Estos contemplan la parte más monetaria de las creaciones de cara a explotarlas. De este modo, los derechos patrimoniales incluyen aspectos como reproducción, traducción, adaptación, exhibición, distribución, emisión y comunicación de las obras. A diferencia de los derechos morales, los patrimoniales son transferibles. Debido a esta característica de la ley, el autor puede delegar en terceros la explotación de sus creaciones. Gracias a esto, el creador puede limitarse a asegurar la integridad de su obra.

¿Qué actores hay implicados en la propiedad intelectual?

Y exactamente… ¿a quién cede el autor sus derechos patrimoniales?. En la industria musical, existe una figura encargada de la salvaguardar los derechos de los autores: las editoriales de música. La labor de estas entidades es la de inscribir la obra en la SGAE, así como vigilar y proteger los derechos de propiedad intelectual. Por ello, uno de los principales cometidos de las editoriales de música es reclamar aquellos ingresos por derechos de autor que pueden no haber llegado al autor.

Al mismo tiempo, en esta cesión de derechos patrimoniales, la editorial se encarga de la explotación y comercialización de las obras. Así, es esta entidad quien autoriza a las discográficas para encargarse de aspectos como grabación, reproducción o distribución.

A la hora de transmitir esos derechos, los artistas pueden hacerlo mediante cesiones o mediante licencias. El primer caso consiste en que el autor transfiere uno o varios de sus derechos patrimoniales; de esta forma, la persona a la que los cede se transforma en titular de ese derecho. Por su parte, a partir de las licencias el artista da permiso al licencitario para tomar decisiones y realizar acciones sobre su obra bajo términos estipulados de tiempo y objetivos; no obstante, en este caso el autor sigue siendo el titular de todos sus derechos.

Y precisamente, este último caso es la tendencia actual en la industria musical. Lejos de contratos en los que el autor perdía parte de sus derechos, están apareciendo nuevas formas editoriales. Dentro de esta tendencia, la labor de estas entidades se reduce a labores administrativas como gestión de royalties y pago a los autores. De este modo, el artista mantiene todos sus derechos para garantizar la independencia e integridad de sus obras.

Sin embargo, ya se deleguen los derechos patrimoniales por cesión o por licencia, no podemos olvidarnos de la preponderancia de los derechos morales. Y es que la ley de propiedad intelectual está diseñada de manera que la decisión del artista sea la que prevalezca. Esto significa que, pase lo que pase, el autor será siempre quien tenga la última palabra.


 

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