“Una exposición es la explicación y el desarrollo de un tema que sirve para informar sobre él de manera rigurosa y objetiva”.

Esta es solo una de las muchas definiciones que podríamos encontrar buceando por la red. En todas observaremos semejanzas y diferencias, por lo que consideramos necesario marcar unos límites que acoten el concepto de EXPOSICIÓN. Facilitar una definición que incluya todos los aspectos que el hecho expositivo lleva implícitos resulta complicado, ya que son muchos los puntos de vista que deben tenerse en consideración.


Qué es una exposición

Como una manifestación autónoma e independiente: “Es el acto de exponer colecciones, objetos o informaciones para fines de estudio, educación, entretenimiento o deleite”.

Atendiendo al espacio: “Las exposiciones son lugares donde se relacionan los objetos que se muestran con el sitio que los acoge. Son zonas que sirven para configurar un discurso”.

Como medio de comunicación: Lo que la diferencia de otros medios y lo que ofrece de especial con respecto a ellos, es la relación que establece entre el visitante y el objeto, actuando como transmisor de un mensaje.


Con todo ello, llegamos a la siguiente conclusión: Una exposición es la presentación pública de colecciones de diversa temática. Es un medio de comunicación con un emisor, un receptor y un mensaje. Sirve para narrar una historia con cierto grado de dramaturgia y de interpretación.


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Evolución en los modos de exponer

Desde siempre el hombre ha conservado, exhibido y mostrado objetos que consideraba interesantes para otras personas. Tendencia que ha evolucionado (junto con el de las técnicas expositivas) con el paso de los siglos, siendo su presencia cada vez mayor en la vida social, científica o cultural de nuestra sociedad.

Desde el siglo XVI hasta la actualidad, la evolución en la manera de exponer las colecciones no ha dejado de avanzar y de actualizarse.

La búsqueda de explicaciones racionales, en los albores del Renacimiento, se vio materializada en los denominados Gabinetes de Curiosidades. En los que los aristócratas europeos reunían valiosas rarezas traídas de tierras lejanas. En ellos durante la época de las grandes exploraciones se coleccionaban y se mostraban gran multitud de objetos extraños que se amontonaban sin orden científico, ni criterio museográfico.

gabinete de curiosidades

Gabinete de curiosidades

En el siglo XVII, aumentó el afán coleccionista. Las obras de arte comenzaron a ser más valoradas, por el prestigio que daban a su propietario. Surgió la inquietud por explicar fenómenos no cuestionados hasta entonces. La Razón empezó a tomar fuerza. Las colecciones de arte se ordenaban por escuelas y los grandes maestros de la antigüedad eran los modelos a seguir.

En los siglos XVIII y XIX, los objetos que formaron parte de los Gabinetes de Curiosidades, pasaron a incluirse en los museos de arte o de historia natural. Es el comienzo del museo propiamente dicho, como lugar de conservación y de exposición.

A principios del siglo XIX, las colecciones, organizadas en Historia Natural, Historia del Arte, Etnografía… pasaron a ser uso exclusivo de las Universidades. Pero poco a poco, la universidad las fue abandonando como centro de reunión, empezando a convertirse en lugar de divulgación; un espacio de relación con la sociedad que dio pie a que surgieran los “Museo-Galería”. Con afán de exponerlo todo, al igual que los Gabinetes de Curiosidades, pero donde los objetos eran clasificados según criterios científicos o cronológicos.

Desde mediados XIX con la celebración de las “Exposiciones Universales”, nace la exposición moderna y con ella, las exposiciones temporales y las itinerantes.

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A mediados del siglo XX surgen la museología y la museografía; se diseñan espacios arquitectónicos; se plantea la relación entre la obra principal y la secundaria; se introduce la escenografía, la contextualización… Los museos empiezan a compartimentar las salas para exponer grupos o tipos de objetos o las obras de un solo artista.

Las diferentes corrientes culturales, así como el desarrollo técnico y científico provocan un cambio, buscando que las piezas se relacionen entre sí. Se introducen nuevos medios de comunicación que conviven con los tradicionales. Se usan elementos gráficos (mapas, fotografías…), visuales (maquetas, dioramas, diaporamas…), sonoros (ambientación musical, locución….), audiovisuales… Todo ello como consecuencia de la “democratización de la cultura”. Hecho que provocó la necesidad de buscar un nuevo lenguaje museográfico, en el que la didáctica y la educación formaran parte de la exposición, para que los mensajes llegaran al mayor número de visitantes posible.

El desarrollo ha sido continuo y se han llegado a aplicar conceptos como la dramaturgia y la narrativa (propios del teatro) para una mayor atracción y un culto masivo. La exposición se ha transformado al ritmo de los tiempos; se han reformado los viejos museos; han aparecido centros de ciencia y museos interactivos; ha entrado en escena el medio ambiente con propuestas de reconstrucción de ecosistemas. Ha surgido la museología del espectáculo (que aúna experiencias estéticas y pedagógicas) y la del enfoque (en la que los visitantes se consideran parte de la escenografía). Con todo ello se busca involucrar a los visitantes en la puesta en escena, permitiéndoles ser actores de la exposición y ofreciéndoles la información necesaria para que interpreten los contenidos. De esta manera, la visita se convierte en una experiencia única en la que entran en juego los cinco sentidos.

El lenguaje expositivo ha cambiado, debido a los gustos del consumidor y a los nuevos usos y fórmulas de presentación y escenificación que cada vez incluyen instrumentos tecnológicos más variados, de los que todos somos y seremos testigos.


 

Formación relacionada: Curso Universitario de Especialización en Diseño y Gestión de Exposiciones