Santiago Arroyo (Tomelloso, 1983) ha dedicado gran parte de su vida a la investigación y la educación. Se licenció en Filosofía y, a raíz de eso, ha realizado varias investigaciones en torno a la filosofía y la cultura. No obstante, una de las facetas que más destacan de Santiago son sus aptitudes como gestor cultural y docente. Actualmente, es el director del Instituto de Gestión Cultural y Artística (IGECA) y el presidente de la Fundación Iberoamericana de las Industrias Culturales y Creativas. Ahora es el coordinador académico del Máster Universitario en Dirección de Industrias Culturales y Creativas. Hemos hablado con él con el fin de conocerlo un poco más y saber el origen de IGECA.

¿Por qué apoyar la gestión de las industrias culturales y creativas?

Por pasión y vocación, y porque a pesar de encontrar personas con mucho talento creativo detectamos, después de varias experiencias, que necesitaban un impulso y competencias para poner en marcha sus iniciativas. Se detectó que esto era más intenso en el contexto Iberoamericano y que era necesario apoyar la cooperación. Había países de Europa que, en aquellos, sí tenían este tipo de iniciativas, como Reino Unido, Alemania o Francia donde sí había instituciones públicas o privadas que se dedicaban a potenciar el desarrollo de este sector tan nuevo. Quisimos impulsar y facilitar que se hiciese lo mismo en España.

Una de las patas de FIBICC es la educación. Hay tanta necesidad de educación, formación, talleres y cursos para el desarrollo de proyectos culturales, que decidimos institucionalizarlo para que no solo pudiera hacerse una jornada o un curso, sino que también tuviera reconocimiento a nivel académico o curricular. Hemos trabajado con muchas universidades, pero el proyecto al que más esfuerzo y recursos hemos destinado es IGECA con una universidad joven como la Universidad Europea Miguel de Cervantes pero con un equipo de profesionales altamente capacitado.

Santiago Arroyo Serrano Gestión Cultural

Congreso "El patrimonio del Campo de Montiel". Santiago Arroyo, en el centro.

¿Aparecieron unas necesidades formativas y por eso nació IGECA?

Más bien la gente nos escribía o notábamos que al trabajar había mucha gente que preguntaba por formación, y nos dimos cuenta de que era una necesidad que no estaba cubierta. Por eso le dimos forma de Fundación, porque una parte era la formación pero necesitarían mucho más acompañamiento. Los cursos son bastante completos y cercanos, requieren mucha dedicación por parte de los tutores. En el caso de los másteres o cursos más largos de IGECA, tienen prácticas y un plan de estudios completo, se acompaña al estudiante con una formación a la carta. En los cursos más cortos hay que estar continuamente actualizándose y, además, son asequibles y están al alcance de cualquiera. Incluso a mucha gente le han cambiado la vida porque han podido desarrollar su proyecto. Hay muchos participantes que nos han transmitido que han aprendido más en un curso de IGECA de 50 horas que en toda la carrera, esto es porque los cursos tienen un enfoque muy práctico y por supuesto que nos sentimos orgullosos de escuchar esto.

Quisimos hacer una programación estructurada en las cuestiones que más demanda la gente como temas jurídicos, cómo hacer un contrato, cómo reclamar una deuda o hacer una factura. Una profesional, recientemente nos ha propuesto impartir un curso de escenografía, de moda. El fin de la Fundación, al final, es ayudar a desarrollar proyectos. No nos metemos en temas de técnica pictórica o en programas de producción de sonido, todo está enfocado en la gestión, donde investigamos y trabajamos para estar en un nivel de máxima excelencia.

¿Por qué hasta este momento no había ninguna institución como IGECA centrada en la gestión cultural?

Creo que, en ese caso, no hay escuelas de negocios focalizadas porque aún es un sector del cual no se acaba de entender su importancia para el desarrollo de economías en diversos territorios. Las industrias culturales y creativas están en todos los momentos de nuestras vidas. Desde que nos levantamos y ponemos la radio hasta la aplicación del móvil, televisión, prensa, publicidad. Está en todas partes, pero no le damos la importancia que realmente tiene. Hasta hace muy poco el propio Gobierno de España consideraba las industrias culturales como una industria más. Se las trataba como a una industria de producción de leche o de vino, siendo, por ejemplo, una agencia de comunicación que quiere poner en marcha un proyecto editorial. Había algunos programas de formación, pero centrados solo en la gestión cultural más tradicional, aquella que tiene que ver con la animación sociocultural, pero no cualquiera podía desarrollar un proyecto con las opciones que hay ahora.

Hemos ido un poco en la línea en la que ha ido el mercado y las tendencias artísticas y culturales. En ese sentido existe demanda porque muchas personas tienen interés y talento, pero no saben cómo gestionarlo. Las universidades te pueden formar en periodismo, en cine o en historia del arte, pero a la hora de querer hacer un centro cultural o un museo no sabes cómo. Costó mucho esfuerzo porque empezamos con tres o cuatro cursos. El primero fue sobre creación de empresas culturales y también teníamos alguno de música. Al final los propios alumnos han sugerido cursos en los que estaban interesados y a partir de ahí se ha ido ampliando la programación docente del Instituto.

En la música se ve mucho, en España hay cientos de conservatorios donde se aprende la técnica de un instrumento, pero se plantean organizar un concierto y no saben. Ahí hay una gran demanda y un gran vacío. No somos una empresa privada y la idea es ayudar a la gente a que cumpla con su proyecto por eso nuestros cursos y Másters tienen un valor añadido. La peculiaridad de los cursos es que son eminentemente prácticos. La idea es que nadie pierda el tiempo. Esto ha llegado a tal punto que empezamos con cursos y ahora ya existe un Máster Oficial en Gestión Cultural. Eso supone que el Ministerio de educación legitime que lo que estás haciendo es una titulación oficial.