En diciembre de 2013, en la calle Zurita, del madrileño barrio de Lavapiés, abría sus puertas una sala de teatro, con mucha ambición y pocos recursos. La intención era llevar los problemas, de ese momento de crisis social y ruptura con el sistema, a un pequeño escenario desde el que dar voz a los lastres reales de la gente del barrio.

Ya ha pasado un tiempo y parece que el Teatro del Barrio se consolida y cada vez gana más notoriedad. En su página web se definen como “un espacio político y micropolítico que se nutre del movimiento ciudadano”.

teatro del barrio

La iniciativa de crear este lugar de encuentro, entre el arte de las tablas y los vecinos de la zona, surgió del actor Alberto San Juan. Ana Camacho, socia y gerente del teatro, comenta que “Alberto llevaba tiempo pensando en montar un proyecto de estas características, no tanto con esta forma, sino con el fondo. Tener un lugar donde hacer cosas que él sentía que se estaban censurando”.

Por este motivo, decidieron constituirse como cooperativa de consumo. No es habitual que un teatro decida formarse como tal y, de hecho, en España no se conocen otros proyectos de este tipo que hayan decido optar por este modelo.

A día de hoy, el Teatro del Barrio cuenta con más de 500 socias y socios que deciden hacia dónde quieren que vaya el rumbo de la cooperativa. La intención es que lo socios no lo sean por el ánimo de conseguir algún beneficio que, de hecho, en este caso, no es así, sino porque realmente quieran formar parte del proyecto. Es por ello que, si alguien decide hacerse socio, debe pagar 100€ y ya podrá ser partícipe. Si decidiera dejar de ser socio el dinero se le devolvería.

Los socios participan hasta el punto en el que lo deseen. De este modo, existen diferentes comisiones para organizar el teatro. Está la comisión de economía, de comunicación o de programación. Cualquier socio puede formar parte de una comisión y tomar decisiones activas sobre el teatro. En cuanto a esto, la comisión de programación podría decidir cambiar el rumbo del teatro en un momento determinado, ya que se realizan asambleas para conocer la opinión de los asociados y las medidas que quieren tomar con respecto al futuro.

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Pese a ser un espacio político, no admiten partidos políticos. En este sentido la gerente afirma que un “partido político no podría hacer una rueda de prensa aquí. Otra cosa es que una organización ajena a un partido político quiera hacer una rueda de prensa a la que acudan diferentes partidos, eso sí. En ese caso se están viendo diferentes puntos de vista”.

No obstante, si en una votación de una asamblea con los socios, se decidiera, por una gran mayoría que un partido político entrase a formar parte del teatro, “no quedaría más remedio que hacerlo porque ellos mandan en la asamblea”.

Pero no solo se puede ser socio y participar de las decisiones más importantes para este lugar, sino que también se puede disfrutar de las diferentes actividades y talleres que ofrecen de manera totalmente gratuita. “Se puede ser socio y venir a ver obras de teatro pagando un dinero o, si la economía no lo permite o no interesa pagar, se puede venir solo a las cosas gratuitas y no ser socio”, dice Camacho.

Teatro del barrio teresa arilla

Y es que no solo hay teatro en el Teatro del Barrio. Además de las obras en sí, se puede acudir a la Universidad del Barrio, la Escuela de Interpretación o los debates de los Martes Ciudadanos.

La escuela está abierta a todo el mundo, pero tiene un precio. Tiene diferentes cursos regulares y talleres entre los que se pueden encontrar un curso de teatro para principiantes con Alicia Rodríguez, Curso de producción ejecutiva para Artes Escénicas con Carlos Lorenzo o un taller de dramaturgia del actor para crear poéticas escénicas contemporáneas con Yanina Marini.

Por su parte, la Universidad del Barrio y los Martes Ciudadanos sí son gratuitos y, como en la escuela, se puede participar siendo socio o no. Esta particular universidad reúne a profesores e investigadores, u otros expertos, para que aporten su conocimiento y experiencia con la intención de que resulte útil para la transformación política del barrio. Se trata de un curso propiamente dicho que se inició el 2 de diciembre de 2019 y acaba a principios de junio de 2020. La entrada es libre hasta que se complete el aforo y las clases se imparten todos los lunes a las 19:00 de la tarde.

En cuanto a los Martes Ciudadanos, Ana Camacho explica que “una comisión de la cooperativa se dedica a organizar la cesión de la sala a diferentes movimientos sociales, asociaciones, cooperativas, ONG, que necesiten tener un espacio donde mostrar algo o que haga de altavoz para una situación concreta”.

Como se ha comentado anteriormente, pese a ser un espacio político, no todas las obras que se estrenan en el teatro tienen por qué ser de corte político. El Teatro del Barrio admite siempre toda propuesta, de cierto interés, que no contradiga sus principios fundamentales.

Es la comisión de programación la encargada de seleccionar las obras. Estas pueden ser de producción propia o ajenas. Las producciones propias las desarrolla el teatro y, normalmente, se representan durante una temporada en el teatro y pasan otra temporada de gira. Por otro lado, las producciones ajenas funcionan de otra forma. Una compañía o un equipo de guionistas, actores y directores, pueden enviar una propuesta de obra. Aquí entra en juego la comisión de producción. El teatro tiene a una persona contratada para la programación, que selecciona ciertas obras, las presenta a la comisión de programación formada por los socios y en la votación se decide sobre la propuesta.

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Con respecto al tipo de obras que forman parte de la programación del teatro, la gerente es contundente al decir que el “teatro necesita sostenerse y tener una economía sana. Para ello, artistas con cierto nombre han venido a echarnos una mano. En este caso pueden ser obras que no tengan que ver con la política, pero esas entradas se venden de una manera más fácil y nos ayuda a sostenernos mejor”.

Al final se trata de un proyecto con un carácter social muy marcado y al que no le ha resultado nada fácil sobrevivir creyendo que con la cultura se puede llegar más allá. Ana Camacho acaba comentando que “al principio era solo una intención y luego resultó que interesaba y, además, a gente muy diversa. Lo que más me gustó nada más abrir era que las señoras mayorcísimas del barrio venían aquí a decirnos que qué maravilla de sitio”.

El Teatro del Barrio tiene pensado continuar con su labor intentando hacer a la gente de la calle más partícipe de ese mundo hostil y algo oscuro que, a veces, es la política. Pero, sobre todo, lo hacen desde el punto de vista, mucho más amable, del arte, la cultura y la creación artística, llevando el teatro a otro nivel.


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