Carolina Barbiel es una intérprete creadora de danza contemporánea, con formación también en terapia transpersonal y en educación. Carolina decidió realizar el curso de Gestión Cultural de IGECA y eso hizo que tuviera las herramientas necesarias para iniciar el proyecto Microdancing (que recopila clips de personas bailando en espacios y tiempos reducidos durante el confinamiento) y crear su propia asociación, CX3M, bajo la cual amparar esta idea.

Hablamos con ella sobre por qué decidió hacer este curso, cómo surgió el proyecto Microdancing, cuáles son las perspectivas de futuro de este y qué otros proyectos culturales tiene en mente.

Carolina Barbiel proyectos

Tienes una amplia formación y experiencia, ¿de dónde surge el interés por la cultura, la educación y la terapia?

Empiezo con la terapia, que es lo que menos tiene que ver, pero la asumo siempre. La terapia nació como una forma de sanar en el sistema Río Abierto, que está tanto en Uruguay como en España. Uno de los ejes principales de esta formación es el movimiento. Yo bailo desde que tengo ocho años, siempre quise ser bailarina, también me crie escuchando que vivir de la cultura es algo muy difícil. Siempre tuve que tener una carta bajo la manga, por ello comencé a estudiar en la facultad de Ciencias Sociales para conseguir empleo como trabajadora social. Después empecé magisterio para ser maestra, ya que entendía que la educación era un gran aporte. Siento que las herramientas que he ido adquiriendo estás inmersas en mí y que siempre, trabaje desde la parte más de gestión cultural, desde la de creadora en danza o desde lo educativo, todo confluye, las tres se entremezclan perfectamente. Me interesa mucho que los productos culturales tengan un mensaje, quieran comunicar algo.

¿Cómo surgió la idea de crear la Asociación Cultural CX3M?

Esta idea surge en Barcelona. Carmela Queirolo, una amiga del Conservatorio de Danza de Uruguay licenciada en Gestión Cultural, y yo nos vinimos a Europa para conocer la danza europea. En ese momento yo estaba atendiendo pacientes en Uruguay, tenía una vida muy armada, Carmela trabajaba como productora. La idea era quedarnos en Europa dos meses, hicimos como un tour por distintos festivales de danza en verano en 2019 y cuando llegamos a Barcelona, como que la vida se abrió. Tuvimos que tomar una decisión individual cada una de poner en pausa la vida en Uruguay y ahondar más en la cultura de aquí.

Durante el confinamiento comencé a estudiar gestión cultural como una forma de evitar la ansiedad y el miedo y para resolver la situación personal que teníamos, porque habíamos llegado a Barcelona en febrero de 2020 y en marzo había comenzado todo. Por eso las herramientas que tenía me permitieron empezar a crear proyectos.

El primero de ellos fue Microdancing, con Carmela, ella hace el soporte digital para exponer lo que queríamos hacer. En paralelo empecé a escribir Barrios de danza y cultura, que es un programa de danza y educación, que fue mi trabajo final del curso de Gestión Cultural de IGECA. Cuando acabamos el curso conocíamos varias subvenciones que podíamos solicitar para poner en marcha proyectos, para poder hacerlo debíamos tener una organización y fue cuando la creamos. A nivel burocrático la hicimos para poder presentar Microdancing al Ayuntamiento de Barcelona, nace a finales de junio-julio de 2020.

Carolina Barbiel

Carolina Barbiel

¿Cuál es el principal objetivo de la asociación?

El principal objetivo de la asociación es disponer de una entidad que nos ampare, para poder realizar los proyectos que teníamos en mente. Nuestra asociación cultural se encarga de producir y promover proyectos culturales con impacto social. Ahora mismo tenemos tres proyectos activos. Uno es Microdancing, el otro es el Dúo de Cuerpos Andantes y el tercero es Barrio y teatro de la cultura. Es lo que nos ampara legalmente para producir en el sector.

¿Por qué decidisteis iniciar el proyecto Microdancing?

Fue toda una sorpresa. Nace como un soporte digital para el sector cultural en ese momento, también como algo individual. Escribimos un dosier corto e hicimos una convocatoria por Instagram, fue muy clara: manda un pequeño vídeo en espacio y tiempo reducido con una reflexión personal en torno a eso.

Primero le dimos visibilidad por Instagram, después buscamos apoyos, como Danza.es, una fundación de Barcelona, Guillermo Weickert, muy conocido en el mundo de la danza. Todo esto nos dio mucha visibilidad, llegaron más de cien vídeos de todas partes del mundo: Alemania, Bélgica, España, Reino Unido, Portugal, Chile o Uruguay, entre otros. Nunca hubiera imaginado algo así, fue brutal.

A raíz de recibir todo ese material decidimos que había que exponerlo. Era un documento de lo que se vivió en la cuarentena. Microdancing es un espacio para debatir juntos, desde el cuerpo, en torno a temáticas puntuales, nace con la temática “confinamiento”. Buscamos apoyos cercanos, encontramos varios, nos pusimos en contacto con tres jurados, porque la idea en un principio era hacer un concurso que al final no se pudo hacer por no conseguir financiación privada. Encuentro complicado conseguir apoyo privado, el público son acciones claras, con cuestionarios que hay que rellenar.

Igualmente, estoy muy agradecida porque ganamos la subvención extraordinaria del Instituto de Cultura de Barcelona, con Microdancing, al mes de haber iniciado legalmente CX3M. A raíz de esto nos contactaron de un festival de danza de Barcelona, que se llama Barcelona Internacional Dance Exchange, para poder exponer y dar un laboratorio creativo con Microdancing.

¿Cuál es el siguiente paso en este proyecto?

A raíz de esta propuesta en Instagram creamos la metodología para hacer de Microdancing un laboratorio creativo. Esto se basa en un debate corporal con un tema común, que incluye la tecnología. Es juntarse a debatir en torno a algo, inspirados en textos, en música, cada vídeo es completamente distinto. Vimos que cada temática puede sugerir una convocatoria diferente. Ahí es cuando nos proponen hacer un laboratorio creativo, pero la propuesta era hacerlo con una temática en torno al género en la escena. Para eso hicimos una investigación, llevamos textos de mujeres artistas, hicimos una playlist de música, dimos un laboratorio creativo (movimiento, cuerpo, incluir el móvil en la danza) y recolectamos Microdancing sobre género en la escena. Las personas que tomaron el taller luego nos mandaron sus vídeos, que están colgados en la página de Instagram de Microdancing, que acaba siendo como una red colaborativa.

He leído que vuestra idea era conseguir que Microdancing fuera una exposición museográfica.

Hicimos un prototipo, lo expusimos un centro cívico e invitamos a colaborar a una persona que trabaja en lo audiovisual para poder darle un diseño. Nuestro deseo más grande es poder hacer una exhibición interactiva presencial. Para el prototipo hicimos un diseño, pusimos en subtítulos las reflexiones y era una pantalla que mostraba los vídeos de Microdancing. Pero la idea es generar un recorrido con las pantallas, mostrando el material, y que la persona que se empape de todo esto termine en una habitación, con un móvil y con una música para que se anime a hacer su propio Microdancing con la reminiscencia de todo lo visto.

Tendría tres fases, la primera que es la convocatoria, la dos que sería la recolección de vídeos y la fase tres que sería la exposición. De estas fases nace el laboratorio creativo.

¿Por qué decidiste realizar el curso de Gestión Cultural de IGECA?

Tuve mis primeras aproximaciones a la Gestión Cultural en el Conservatorio de Danza Contemporánea de Uruguay. El artista debe autogestionarse constantemente. Hay que ir aprendiendo sobre la marcha. Durante el confinamiento encontré la posibilidad. Vine a España a bailar y a darme una oportunidad con la cultura, me dije: “aprendo de cero cómo tengo que hacerlo”. Me encanta contribuir, organizar un proyecto, bajarlo a tierra. Una compañera me presento la posibilidad de hacer el curso de IGECA y no me lo pensé. Estuvo muy bien para mí porque me lo tomé muy en serio y me sostuvo en ese tiempo. Gracias a este curso tengo lo que tengo hoy, lo que me hace seguir quedándome aquí en Barcelona. Fue toda una apuesta enorme.

¿Cuál es tu opinión general del curso?

Me vino muy bien. Es un curso corto, pero toca un poco de todo. Te prepara realmente para poder lanzarte, con todo lo que tienes que saber: escribir un proyecto, qué hay que hacer a nivel burocrático, dónde pedir ayuda. Me parece super completo, tiene muy buen material. Yo tengo las presentaciones y las consulto cada tanto.

¿Qué opinas de que sea totalmente online?

Uno puede tener una autoevaluación por videollamada con su tutor, creo que se puede buscar la forma de que la comunicación funcione de forma fluida, no creo que el hecho de que sea online lo dificulte.


Entrevista de Silvia Panadero para el Blog de IGECA