La propiedad intelectual es algo que ha tenido que ser definido, acotado y protegido, especialmente, en los últimos tiempos. La propiedad intelectual hace referencia a cualquier creación de la mente humana.

Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) se trata de un acervo intangible en el que se incluyen invenciones, obras literarias y artísticas, símbolos o nombres e imágenes utilizadas con fines comerciales.

propiedad intelectual que es registro

Hay que hacer una diferenciación entre qué es propiedad intelectual y qué es propiedad industrial.

La propiedad intelectual, como ya se ha apuntado, son todas aquellas creaciones con carácter único y personal. Esto pueden ser obras musicales, literarias, pictóricas, escultura, arquitectura, entre otros.

Por su parte, la propiedad industrial tiene que ver con creaciones destinadas más a un ámbito empresarial y enfocado en los negocios. Son invenciones que no tiene por qué ser únicas.

Ambas formas de propiedad vienen de una idea, que puede ser más o menos innovadora, pero que sale del intelecto del creador. La diferencia principal entre la propiedad intelectual y la industrial es el fin al que se destina cada una. La propiedad industrial tiene un claro fin de persecución del beneficio económico, por su parte la propiedad intelectual, aunque en muchas ocasiones también sea motivo de explotación económica, no tiene esto como meta principal, sino que usa el arte para expresar sentimientos o contar historias.

Pero, ¿cómo se puede proteger algo que es intangible? En este punto es donde entran en juego tanto los derechos de autor, como la Ley de la Propiedad Intelectual.

Por qué es necesaria una Ley de la Propiedad Intelectual

Para comenzar es preciso acotar qué creaciones son objeto de protección de esta ley. Para ello, el artículo 10 de la misma aclara lo siguiente:

“1. Son objeto de propiedad intelectual todas las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas por cualquier medio o soporte, tangible o intangible, actualmente conocido o que se invente en el futuro, comprendiéndose entre ellas:

a) Los libros, folletos, impresos, epistolarios, escritos, discursos y alocuciones, conferencias, informes forenses, explicaciones de cátedra y cualesquiera otras obras de la misma naturaleza.

b) Las composiciones musicales, con o sin letra.

c) Las obras dramáticas y dramático-musicales, las coreografías, las pantomimas y, en general, las obras teatrales.

d) Las obras cinematográficas y cualesquiera otras obras audiovisuales.

e) Las esculturas y las obras de pintura, dibujo, grabado, litografía y las historietas gráficas, tebeos o comics, así como sus ensayos o bocetos y las demás obras plásticas, sean o no aplicadas.

f) Los proyectos, planos, maquetas y diseños de obras arquitectónicas y de ingeniería.

g) Los gráficos, mapas y diseños relativos a la topografía, la geografía y, en general, a la ciencia.

h) Las obras fotográficas y las expresadas por procedimiento análogo a la fotografía.

i) Los programas de ordenador”.

La necesidad de proteger este acervo intangible del que hablamos no es otra que evitar el plagio o el robo de ideas.

Una idea es algo extremadamente delicado y volátil. Dos mentes pueden tener la misma idea, pero quizá ejecutarla o plasmarla de maneras diferentes, con lo cual se tendrían dos resultados diferentes. No obstante, agravado por la comunicación online que reina nuestro tiempo, se hace más necesario que nunca ampararse en la ley para poder delimitar la propiedad intelectual y tener algo con lo luchar en caso de que se produzca un inconveniente de este tipo.

La Ley de la Propiedad Intelectual reza en su artículo primero que “la propiedad intelectual de una obra literaria, artística o científica corresponde al autor por el solo hecho de su creación”.

En otras palabras, si escribes un libro, ese libro y todos sus derechos de explotación, te pertenecen solo por el hecho de haberlo escrito. El autor debe ser la única persona que tenga potestad sobre esa obra para decidir si quiere que la exploten otros (una editorial que distribuya la pieza) o si se lo guarda para él por muchas ofertas que le hagan.

Esto es especifica aún más en el artículo dos de esta ley “La propiedad intelectual está integrada por derechos de carácter personal y patrimonial, que atribuyen al autor la plena disposición y el derecho exclusivo a la explotación de la obra, sin más limitaciones que las establecidas en la Ley”.

Por otro lado, sobre los derechos de autor el artículo tres matiza:

“Los derechos de autor son independientes, compatibles y acumulables con:

1.º La propiedad y otros derechos que tengan por objeto la cosa material a la que está incorporada la creación intelectual.

2.º Los derechos de propiedad industrial que puedan existir sobre la obra.

3.º Los otros derechos de propiedad intelectual reconocidos en el Libro II de la presente Ley”.

Qué es el Registro de la Propiedad Intelectual

Según lo define en su artículo 144 de la ley mencionada anteriormente, el Registro General de la Propiedad Intelectual es un organismo que tiene carácter único en todo el territorio nacional y cuya estructura y funcionamiento es regulado por cada comunidad autónoma.

La función principal de este organismo administrativo es proteger los derechos de los autores de todas aquellas creaciones que estén recogidas en la Ley de la Propiedad Intelectual.

Actualmente, es posible registrar los derechos de una creación de manera gratuita y a través de internet. No obstante, aunque en estos casos se suele reconocer quién es el autor de la obra, no es una protección igual a la que brinda el Registro de la Propiedad Intelectual, ya que es un organismo oficial y nacional. En su caso, al ir a inscribir la obra, debe pagarse una tasa que, dependiendo de la comunidad autónoma, puede estar entre los 13€ y los 18€.

Para qué sirve realmente registrar una propiedad intelectual

Como todo, depende de para qué se haya creado la pieza en concreto. Si es objeto de un estudio científico lo que se querrá evitar es que alguien robe la idea o que otra persona tenga esa idea y la desarrolle sin ser consciente de que ese estudio ya existe.

En el mundo audiovisual pasa algo parecido. Es muy frecuente que se registre un guion de cine o de una serie de televisión. La explosión del audiovisual ha hecho que el contenido que se crea a este respecto se multiplique en los últimos años. Esto hace que muchas mentes estén teniendo ideas y, no necesariamente se cae en el plagio, sino que dos guionistas pueden tener la misma idea o similar. En estos casos es bueno registrar la obra para que quede constancia de quién es el autor y de la fecha en la que quedó registrada la autoría.

Desde la web oficial del Ministerio de Cultura y Deporte se explica que “La inscripción registral supone una protección de los derechos de propiedad intelectual, en tanto que constituye una prueba cualificada de la existencia de los derechos inscritos”.

En esencia, se quiere evitar caer en ese robo de ideas del que hablamos, aunque esto no sea precisamente lo más frecuente. Simplemente, como explican desde el ministerio, se trata de una prueba de autoría que hace que la obra quede protegida por la Ley de la Propiedad Intelectual.


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