Natalia Gómez del Pozuelo: “Fue esa contradicción tan fuerte en mi la que me obligó a detenerme y escribir esta novela”

5 de octubre de 2026

Antes de emprender su viaje en solitario por las sierras del interior de España, Natalia Gómez del Pozuelo se encontraba entrenando en el monte, sentada en silencio junto a la mochila que la acompañaría durante el recorrido, cuando un sonido llamó su atención. En ese momento, a muy pocos metros de distancia de donde ella se encontraba, apareció un corzo; un animal majestuoso con unos ojos brillantes e inteligentes. Ese cruce de miradas impactó profundamente en la escritora. “En su mirada solo había presente, el presente real, y una falta de expectativas total”, recuerda.

Esta escena acompañaría a Natalia durante todo el viaje y terminaría convirtiéndose en una de las imágenes centrales de su experiencia. Para la autora, aquella forma de observar el mundo, libre de etiquetas y de ideas preconcebidas, representaba también una manera de estar en él. Una mirada que intentaría hacer suya durante el camino y que, más adelante, contrastaría con otra mucho más condicionada por las expectativas: la que aparece ante el deseo y las relaciones amorosas. De ese contraste nace La mirada del corzo, la tercera novela de Natalia Gómez del Pozuelo (Madrid, 1967).

Estudió Ciencias Empresariales y realizó un postgrado en Marketing por la Universidad de Berkeley. Durante más de quince años ocupó diferentes puestos directivos en empresas multinacionales. Sin embargo, en 2007 decide cambiar de rumbo y dedicarse profesionalmente a su pasión: la escritura.

El cambio no respondió tanto a una decisión meditada como a una necesidad difícil de ignorar. Gómez del Pozuelo recuerda aquel momento como una “pulsión”, la misma expresión con la que comienza La mirada del corzo. Al preguntarse qué trabajo elegiría si tuviera carta blanca, la respuesta apareció con claridad: “no me veo trabajando, me veo escribiendo”. Poco después se apuntó a un taller literario y acabó dejando tanto su empleo por cuenta ajena como la vida que había construido alrededor de él.

Después de haber alcanzado buena parte de aquello que socialmente puede asociarse al éxito: una carrera profesional consolidada, una casa, una familia… comenzó a cuestionar si quería que el resto de su vida siguiera el mismo rumbo. El camino posterior no estuvo exento de dificultades, pero nunca se arrepintió: “la mayor potencia de mi nueva realidad siempre fue ser dueña de mi vida”, afirma.

Tras publicar varios ensayos de divulgación empresarial, decidió centrarse en la escritura narrativa. Con su segunda novela, Últimas conversaciones con la tía Flor, ganó el certamen de novela corta José Luis Castillo Puche.

Del viaje a la novela.

La mirada del corzo nace de una experiencia real: una mujer de 55 años que decide caminar sola durante semanas por la España menos poblada. Natalia Gómez del Pozuelo fue narrando su viaje en tiempo real a los suscriptores de su newsletter, de modo que la escritura pasó a formar parte del propio recorrido. Cada tarde ponía por escrito lo vivido durante el día y lo compartía con quienes la seguían: “en realidad, no sentía que iba sola”, confiesa.

Natalia Gómez del Pozuelo durante su viaje en solitario por las sierras del interior de España.

Natalia Gómez del Pozuelo durante su viaje en solitario por las sierras del interior de España. IMAGEN CEDIDA.

Al regresar, sintió que todavía quedaba mucho por contar. Los lectores que habían seguido el viaje le pedían más y Gómez del Pozuelo comenzó una segunda narración, esta vez deteniéndose en aspectos más profundos de la experiencia. Sin embargo, esto no fue suficiente para convertirlo en una novela.

Lo que realmente desencadena la escritura de La mirada del corzo es la contradicción que experimenta la autora después de un encuentro antagónico al experimentado con el corzo. “La novela se desarrolla a lo largo de las cuatro estaciones: en primavera, la protagonista se va de viaje sola; durante el verano conoce a un apuesto ciclista francés e inician una aventura amorosa; en otoño e invierno necesita parar y reflexionar sobre todo lo que ha sucedido”, explica Gómez del Pozuelo. Durante su recorrido en solitario se había sentido libre, fuerte y presente; sin embargo, la aparición de una relación amorosa hace aflorar expectativas y comportamientos en los que ella misma no se reconoce. “Me chocó tanto mi reacción ante la aventura amorosa que necesité frenar y quedarme mirando”, afirma.

Mirar hacia dentro: amor, deseo y expectativas.

Según los lectores, es una novela “que deja poso”. La mirada del corzo nace con la intención de abrir preguntas. Natalia Gómez del Pozuelo la concibe como una novela que invita al lector a detenerse y observarse, a reconocer aquellos mecanismos que actúan de forma casi inconsciente en nuestra manera de relacionarnos. “Es como una linterna que enfoca hacia adentro”, explica la autora, una imagen con la que resume el propósito de una obra que busca sacar a la luz automatismos, patrones y expectativas que condicionan nuestra forma de mirar el mundo y, especialmente, de vivir los vínculos afectivos y amorosos.

Esa mirada hacia dentro estuvo presente desde el propio proceso de escritura. La autora reconoce que escribió la novela desde la necesidad personal de comprender lo que le había sucedido. La experiencia con el ciclista francés puso frente a ella comportamientos y emociones en los que no terminaba de reconocerse y convirtió la escritura en un espacio desde el que detenerse a examinar la situación. “Fue esa contradicción tan fuerte en mí la que me obligó a detenerme y a escribir esta novela”, confiesa Gómez del Pozuelo.

En esa reflexión ocupa un lugar central su visión del amor. Frente a lo que simboliza la mirada del corzo, un presente libre de etiquetas y de expectativas; Gómez del Pozuelo considera que las relaciones amorosas suelen construirse sobre una acumulación de experiencias previas, deseos y patrones aprendidos. “El amor, en vez de vivirlo con la mirada del corzo, lo llenamos de automatismos, de patrones y de expectativas”, señala.

Natalia Gómez del Pozuelo, autora de La mirada del corzo. IMAGEN CEDIDA

Natalia Gómez del Pozuelo junto con su mochila. IMAGEN CEDIDA.

La novela se convierte así también en una exploración de cuestiones como la pasión, el deseo y la manera en que aprendemos a vincularnos con los demás. Para Gómez del Pozuelo, el reto pasa por reconocer primero desde dónde miramos para poder comprender después cómo amamos. “Esa pelea es aprender uno cómo mira y cómo ama”, afirma. Un aprendizaje que, en última instancia, asocia con la posibilidad de construir relaciones más conscientes y de “querer de forma sana”.

Difundir un proyecto literario en la actualidad

La mirada del corzo no nace como un proyecto aislado: su autora había ido compartiendo el viaje a través de su newsletter, una herramienta que le permitió mantener el contacto con una comunidad de lectores que acompañó el proceso desde sus primeras etapas.

Para Gómez del Pozuelo, esa relación previa ha sido una pieza fundamental en la construcción del proyecto literario. La novela nace, explica, del acompañamiento de más de mil personas que la siguen desde hace años y que no solo reciben sus textos, sino que mantienen un vínculo continuado con su trayectoria como escritora. Frente a la fugacidad de otros canales de comunicación, la autora reivindica el valor de contar con un grupo de lectores que se detiene a leer en profundidad. “Todo puede cambiar, pero esa lista son las personas que realmente se interesan por mí como escritora, por mis textos”, afirma.

La experiencia de publicación también le ha permitido reflexionar sobre la relación entre visibilidad y alcance real. Aunque realizó un trabajo intenso de promoción en redes sociales, reconoce que estas plataformas no fueron el principal motor de llegada al público. La respuesta más significativa vino de sus lectores habituales y de los medios de comunicación tradicionales, que contribuyeron a dar visibilidad a una historia protagonizada por un perfil que no siempre ocupa el centro de la narrativa literaria: una mujer de 55 años.

Su recorrido plantea así una reflexión sobre la difusión cultural en el contexto actual: más allá de acumular seguidores, la creación de una comunidad comprometida puede convertirse en un elemento esencial para acompañar y sostener un proyecto artístico.

La trayectoria de Natalia Gómez del Pozuelo también refleja una idea fundamental sobre el oficio de escribir: la literatura requiere tiempo, constancia y una voluntad sostenida. Para la autora, escribir no es solo una cuestión de inspiración, sino de práctica y disciplina. “Para escribir hay que escribir”, afirma, “da igual lo que escribas, lo importante es hacer oficio”.

Más que una meta concreta, entiende la escritura como una carrera de fondo: un camino que se construye a través de pequeños pasos y en el que resulta esencial mantener un rumbo. Pero, sobre todo, defiende que la escritura debe tener un sentido más allá de la repercusión externa. La verdadera motivación, explica, está en aquello que el propio proceso aporta al escritor: que escribir sirva para comprenderse mejor, para crecer y para “ayudarte a mirar a la vida”.


Fotografía de portada: Natalia Gómez del Pozuelo, autora de La mirada del corzo. IMAGEN CEDIDA

Artículo de Ainhoa De la Asunción Martínez

Instituto de Gestión Cultural y Artística

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Modalidad: Online (Campus Virtual de IGECA)

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