Neuroarquitectura y gestión cultural: espacios para participar, encontrarse y sentirse a gusto

29 de octubre de 2026

¿Cómo recibimos a quienes entran en una biblioteca, un museo o un centro cultural? ¿Qué lugar reservamos al descanso, a la conversación o a las distintas necesidades sensoriales? Pensar los espacios culturales implica también preguntarse cómo los experimentan las personas que los utilizan.

Gema Madueño Marco, es una joven creativa y entusiasta que aborda estas cuestiones en dos proyectos académicos. Refugio, una propuesta de intervención en la planta baja de la Biblioteca Municipal Central de Castellón de la Plana, y Madriguera, un trabajo de aplicación de la neuroarquitectura al diseño de un aula de educación infantil.

Desde IGECA conversamos con ella sobre las posibilidades de trasladar estas reflexiones a la gestión cultural, la accesibilidad y la relación con los públicos.

Gema Madueño Marco

Gema Madueño Marco

Neuroarquitectura y gestión cultural

Para quienes se acercan por primera vez a este concepto, ¿cómo explicarías qué es la neuroarquitectura y qué puede aportar al trabajo de un gestor cultural?

La neuroarquitectura es una disciplina que estudia los requerimientos espaciales específicos de las personas de acuerdo a sus necesidades fisiológicas, socioemocionales o cognitivas, ofreciendo soluciones de diseño basadas en la evidencia científica.

Creo que la neuroarquitectura puede ser una disciplina que tiene herramientas muy útiles para un gestor cultural, ya que le permite poner el foco en las personas, dando soluciones de diseño en relación a la iluminación, el ruido, los recorridos o las zonas de descanso para favorecer el confort y crear entornos más acogedores y accesibles. No se trata únicamente de que un espacio resulte agradable, sino de que las personas se sientan cómodas y puedan disfrutar de la experiencia.

¿Qué te llevó a interesarte por la relación entre el espacio y las personas? En tus proyectos aparecen de forma recurrente la naturaleza, el cuidado y la idea de refugio. ¿Cómo se conectan estos intereses con tu manera de entender el diseño?

Desde muy pequeña he sentido una fuerte empatía por las personas y el entorno que me rodea, y para mi era inviable diseñar un espacio sin tener en cuenta quién lo iba a utilizar.

Esto también va ligado a que yo crecí en un pueblo bastante pequeño llamado Sueras, con pocos habitantes, y en el que he vivido rodeada de naturaleza desde que nací. Para mí, mi pueblo y mi hogar siempre han sido un refugio al que regresar.

En «Refugio» propones intervenir en una biblioteca para incorporar espacios de encuentro, descanso y actividad cultural. ¿Qué necesidades querías atender y cómo las identificaste? ¿Qué puede aprender de este proceso una institución que busca acercarse a nuevos públicos?

El proyecto se desarrolló en la planta baja de la Biblioteca Municipal de Castellón, un espacio que se encuentra en una calle con poca luz natural y escasa vegetación.

Quería proporcionar al público un espacio exterior en el interior, en el que diera la impresión de tener vistas al cielo, que contara con vegetación, materiales naturales, y además una iluminación centrada en el usuario que cambiara acorde con la hora del día.

Para ello le pregunté directamente a los usuarios que harían uso del espacio, averiguando cuál era su perfil principal y sus necesidades, y preguntándoles cómo sería su refugio ideal dentro de la ciudad.

Creo que lo más importante es estudiar a la población que va a hacer uso del espacio y no dar nada por supuesto, siendo conscientes de que trabajar de forma interdisciplinar con otros profesionales es lo que va a marcar la diferencia. Por ejemplo, si queremos poner un jardín en el espacio a intervenir, será interesante hablar con un biólogo, o si vamos a intervenir en un colegio, es primordial hablar con profesionales de la educación.

Tu propuesta reúne una cafetería, zonas de estancia, un patio y una sala de ocio y cultura. ¿Cómo se organiza la convivencia entre quienes quieren conversar, participar en una actividad o simplemente leer en silencio? ¿Cómo conservar, además, el carácter abierto del espacio para quienes no desean consumir?

Al tratarse de una biblioteca, la propuesta de planta baja se plantea como un complemento a los espacios de lectura y actividad de las plantas superiores. De todas formas, en el proyecto refugio,se han tenido en cuenta estrategias de organización y tratamiento acústico orientadas a favorecer la convivencia entre actividades y reducir las interferencias sonoras, y se ha cuidado el diseño del sonido, atendiendo tanto a la reverberación dentro del espacio como al aislamiento acústico entre zonas .

Tanto la zona de ocio y cultura (destinada a llevar a cabo actividades grupales) como el patio interior, están separadas de la cafetería y del hall, consiguiendo tres zonas claramente diferenciadas que cubren necesidades distintas. La cafetería se concibe como un servicio complementario, y el uso de las zonas de estancia y actividad cultural no está condicionado al consumo.

En «Madriguera» trabajas sobre un aula infantil y planteas reorganizar el entorno para facilitar su uso. ¿Qué aprendizajes podrían trasladarse a una biblioteca infantil, un taller de museo o una actividad de mediación cultural? ¿Qué aspectos exigirían estudiar de nuevo las necesidades de cada contexto?

No siempre es necesaria una gran reforma para conseguir un cambio significativo. En algunos casos se puede empezar por intervenciones pequeñas, como reorganizar el mobiliario, cuidar la acústica o despejar los recorridos.

Pero cada espacio es único y se debe estudiar de forma individualizada, teniendo en cuenta su contexto cultural y social. Habría que conocer a las personas que lo utilizan, sus edades, necesidades, las actividades que se van a desarrollar o por supuesto las condiciones del espacio en concreto.

No existe una solución universal, sino que hay que estudiar cada caso y mantener la intención de crear un entorno que acompañe a aquellos que lo habitan.

No se puede dar una solución a un espacio en concreto sin antes estudiarlo, ya que lo que puede funcionar en una biblioteca infantil por ejemplo, puede no funcionar en otra.

Esa forma de observar el espacio y aprovechar los recursos existentes es lo que trasladaría a otros equipamientos culturales.

Refugio: Neuroarquitectura en Espacios Culturales

Refugio, una propuesta de intervención en la planta baja de la Biblioteca Municipal Central de Castellón de la Plana

Accesibilidad y espacios culturales

Cuando hablamos de accesibilidad, ¿qué barreras sensoriales o de comprensión del espacio pueden pasar inadvertidas en un equipamiento cultural? ¿En qué debería fijarse su responsable al revisar la entrada, los recorridos, la señalización y las zonas de espera?

La comprensión de un espacio no debería depender únicamente de su señalización; factores como la altura de los techos, los recorridos, la iluminación o un buen uso del color y el contraste pueden ayudar a que un espacio sea mucho más sencillo de entender que otro. Una persona puede entrar físicamente en un edificio y, aun así, no saber dónde dirigirse o sentirse desbordada por los estímulos.

El responsable de revisar un espacio debería fijarse en:

  • Entrada: Si es fácil de encontrar y se distingue claramente de otras puertas.
  • Recorridos: Comprobar si los recorridos están despejados y llevan de forma sencilla al destino.
  • Señalización: Ver si la señalética está en buen estado y es fácil de leer.
  • Zonas de espera: Revisar el estado de los asientos, el ruido, la iluminación y si el mobiliario se distingue bien del suelo y de su entorno.

En cuanto a la iluminación general: Eliminar posibles parpadeos, deslumbramientos, brillos incómodos o cambios bruscos que dificulten la visión o resulten molestos.

¿Cómo diseñar para personas con necesidades sensoriales diferentes sin presuponer que todas se sienten cómodas en las mismas condiciones? ¿Qué posibilidades ofrecen los espacios de pausa, la elección de recorridos o la regulación de los estímulos?

No se debe presuponer que todas las personas se van a sentir igual de cómodas en las mismas condiciones. Por eso, propondría ofrecer zonas con distintos niveles de estimulación y posibilidades de regulación: algunas personas pueden necesitar reducir los estímulos y otras buscar una mayor estimulación. Estas necesidades pueden variar según el momento y el tipo de estímulo, por lo que lo importante es ofrecer opciones y capacidad de elección.

Estos espacios ofrecen al usuario la posibilidad de elegir. Si ofreces distintos tipos de zonas, la persona que va a utilizar el espacio va a poder tomar la decisión de por qué recorrido quiere ir y qué necesita en cada momento, pudiendo regular los estímulos que recibe. Por eso es tan importante la calidad y la cantidad de espacios diferentes entre sí, porque al igual que no todos usamos la misma talla de zapatos, también tenemos distintas necesidades a nivel sensorial.

En «Refugio» contemplas vegetación, sonidos naturales y aromas. ¿Cómo valorarías la incorporación de estos recursos cuando algunos visitantes pueden preferir ambientes sin sonidos añadidos o sin fragancias? ¿Qué importancia tiene que cada persona pueda elegir su grado de exposición?

Los sonidos naturales que se contemplan en «Refugio» imitan a la naturaleza y se plantean como un fondo ambiental de baja intensidad, casi imperceptible. En cuanto a los aromas, en el proyecto refugio se hace referencia a los que desprende la propia vegetación, no a esencias, perfumes o ambientadores añadidos.

Aun así, no daría por hecho que resulten agradables para todo el mundo, por lo que se debería de estudiar la selección y ubicación de las plantas, de forma que cada persona pueda elegir su grado de exposición.

De todas formas, se pueden utilizar composiciones aromáticas o simplemente moléculas aromáticas muy poco perceptibles pero que tienen efectos positivos en los usuarios de un espacio, como algunas de las que utiliza el arquitecto Antonio Maciá en el proyecto WOHA parfums.

Siempre que fuera posible, propondría regular la iluminación, el sonido y la temperatura, y controlar la presencia e intensidad de los olores mediante la vegetación y la ventilación.

Neuroarquitectura en espacios culturales

¿Qué evidencias debería pedir un gestor cultural antes de incorporar una solución presentada como “neuroarquitectónica”? ¿Cómo distinguir entre una preferencia estética, una hipótesis de diseño y un efecto que se ha evaluado de manera rigurosa?

Bueno lo principal sería revisar la evidencia científica, y las pruebas que esta persona haya realizado para llegar a esa conclusión. En la mayoría de los casos no se puede llegar a una solución sin haber realizado algún tipo de estudio, bien sea una entrevista, una observación o, algo primordial, una búsqueda de literatura científica.

Una preferencia estética es una inclinación personal hacia determinados colores, formas, materiales o estilos. Expresa lo que a una persona le gusta de un espacio, pero no demuestra por sí sola que ese espacio sea más cómodo o funcione mejor. Una hipótesis de diseño es una predicción provisional, basada en observaciones o conocimientos previos, que debe ponerse a prueba mediante una investigación. Para hablar de un efecto evaluado de manera rigurosa se debe contar con datos obtenidos mediante un método adecuado y explicar en qué condiciones se recogieron y cuáles son sus limitaciones.

La diferencia está en que no basta con decir «creo que esto funciona», sino que hay que comprobar qué es lo que muestran los resultados.

«Madriguera» prioriza la reutilización del mobiliario y las intervenciones económicas y reversibles. ¿Qué pequeñas mejoras recomendarías estudiar en un centro cultural con pocos recursos? ¿Puedes explicar un ejemplo de tus proyectos en el que reorganizar resulte más adecuado que comprar o reformar?

Creo que debemos empezar por aprovechar lo que ya tenemos: reutilizar, reducir, reparar y recuperar antes de comprar o reformar. Cada espacio necesita un estudio individualizado, pero en un centro cultural, donde conviven perfiles y actividades muy distintas. Empezaría por revisar si existe desorden visual, ver si hay una iluminación adecuada, comprobar si hay elementos que molesten a simple vista como deslumbramientos, reflejos o una acumulación de patrones y estímulos visuales que dificulte comprender el espacio, y estudiar si es posible diferenciar entre las zonas de actividad, de transición o de descanso. Buscaría cambios sencillos y reversibles que permitan adaptar el espacio a distintos usos sin realizar una gran inversión.

En Madriguera, por ejemplo, propongo reorganizar y readaptar el mobiliario existente para liberar el pasillo de entrada, facilitar el acceso a los materiales y hacer sitio a los distintos rincones del aula. En ese caso, comprar más muebles no respondería necesariamente al problema, ya que la prioridad aquí es utilizar mejor el espacio y los recursos que ya hay. Eso no significa descartar una reforma cuando sea necesaria para resolver barreras de accesibilidad, mejorar la seguridad, reducir el consumo energético o favorecer el bienestar.

Se trata de intervenir con criterio y, en un aula infantil, también de transmitir el valor de cuidar y dar una nueva vida a lo que ya tenemos, transmitiendo valores positivos a las generaciones futuras.

Muchos museos y bibliotecas ocupan edificios históricos o deben proteger colecciones sensibles. ¿Cómo abordarías las posibles tensiones entre confort, iluminación, accesibilidad y conservación? ¿Qué profesionales deberían participar en esas decisiones?

En este caso se deben cuidar tanto las necesidades que pueden tener las personas como las que requiere el patrimonio, sin plantearlos como dos elementos separados, sabiendo que cada uno tiene necesidades distintas y se les debe tratar como tal.

Para conseguir esto se debe contactar con profesionales distintos para cada ámbito que estén presentes desde el principio en el proyecto, como expertos en patrimonio, en conservación, en restauración, en iluminación o en accesibilidad, trabajando de forma interdisciplinar.

Gema Madueño Marco, durante una intervención pública

Gema Madueño Marco, durante una intervención pública

En tu investigación utilizas observación, encuestas y conversaciones con las docentes. ¿Cómo adaptarías ese proceso de escucha a un equipamiento cultural? ¿Cómo incorporarías también a quienes apenas lo visitan o encuentran dificultades para utilizarlo?

Como se mencionó anteriormente, antes de llegar a una conclusión se debe llevar a cabo una investigación, y esto puede incluir desde revisar la literatura científica hasta realizar entrevistas u observaciones, o llevar a cabo otro tipo de pruebas.

En este caso, creo que a la hora de adaptar el proceso es imprescindible estudiar el espacio detenidamente, de forma que averigüemos cómo se utiliza, en qué lugares pasan más tiempo quienes lo utilizan, qué dificultades encuentran a la hora de utilizarlo o como se mueven por los distintos recorridos.

Para poder tener en cuenta a todas las personas que utilizan el espacio, sería necesario ir reevaluando el espacio constantemente para ver que se puede cambiar o mejorar.

¿Qué parte de la experiencia del espacio depende de decisiones cotidianas de gestión? Pensemos en los horarios, la coincidencia de actividades, los aforos, las colas o la atención al público: ¿Cómo deberían coordinarse programación y diseño?

Una parte importante de la experiencia no depende únicamente de cómo está diseñado el espacio, sino también de cómo se utiliza y de adaptarse a las necesidades de uso del mismo. Por ello también es importante que un espacio sea flexible y se pueda adaptar a los cambios.

Es una tarea importante reunirse con el equipo que utiliza a diario las instalaciones y que expliquen cómo se utiliza, cuál es el flujo de personas que entran y salen, cuánto ruido se genera, cuánta luz necesita una actividad, o cuál es la programación diaria en el centro.

Con esa información, coordinaría horarios, aforos y entradas y salidas para evitar que actividades incompatibles interfieran entre sí, y para que las zonas de paso y espera puedan funcionar adecuadamente.

Tus trabajos desarrollan propuestas de intervención. ¿Qué necesitarías evaluar después de ponerlas en funcionamiento para saber si cumplen sus objetivos? ¿Qué observarías y preguntarías a los usuarios, y cómo distinguirías los efectos del espacio de otros cambios en las actividades o en la atención?

Es fundamental evaluar el espacio antes y después de la intervención para comprobar si cumple los objetivos planteados, identificar qué funciona, qué dificultades permanecen y qué habría que ajustar. Existen distintas formas para medir la relación entre espacio y persona, y que además se pueden combinar entre ellas, como por ejemplo la observación, las pruebas cognitivas, los autoinformes o las técnicas psicofisiológicas. Esta información puede complementarse con mediciones de iluminación, de acústica, de condiciones térmicas o de la calidad del aire.

Sería imprescindible evaluar el espacio en distintos momentos del día para poder tener resultados reales y comparar los resultados con los recogidos antes de intervenir. Todos los parámetros recogidos nos van a ayudar a generar una idea de cómo es el espacio después de la intervención y como es la relación entre el entorno y las personas.

Para terminar, si un gestor cultural quisiera empezar a aplicar esta mirada durante el próximo mes, ¿cuál sería el primer paso? ¿Qué pregunta debería hacerse al entrar en su propio equipamiento?

Lo primero sería sin duda llamar a un especialista. Este va a orientar el trabajo para que sea efectivo.

Para evaluar un espacio, hay que pararse a observarlo, escuchar a las personas que lo utilizan  o que trabajan en él, y antes de pensar en reformar o comprar, un especialista nos ayudará a identificar dificultades concretas, y a encontrar soluciones que quizá no necesiten intervenciones complejas.

Al entrar, me preguntaría: «¿Este lugar permite que personas con distintas necesidades puedan acceder, orientarse, sentirse cómodas y participar? ¿Qué puede estar dificultándolo?».

No miraría solo la accesibilidad física y sensorial, sino también si el espacio resulta comprensible. Para mí, empezar por esa pregunta supone dejar de dar por hecho que un lugar funciona y comenzar a escuchar cómo lo viven los demás.

«Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo». 

– Frase atribuida a Eduardo Galeano.

Instituto de Gestión Cultural y Artística

Formación especializada en Gestión Cultural y las Industrias Culturales y Creativas

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Inicio: 13 de octubre de 2025

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Modalidad: Online (Campus Virtual de IGECA)

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Horario: Flexible