Agnès Varda: Autogestión y producción independiente como formas de resistencia dentro de la industria cultural

6 de agosto de 2026

Son las cinco de la tarde de un día del mes de junio de 1961. En París, una joven cantante llamada Cleo acude a una tarotista en busca de respuestas sobre su salud: esa misma tarde, a las siete, recibirá los resultados de un examen médico que la joven espera con el temor de que puedan confirmar un diagnóstico mortal. Pero la tarotista, lejos de calmarla, le augura un mal presagio.

Intranquila y buscando cómo ocupar las horas hasta conocer los resultados, Cleo recorre las calles de París, observando la vida que bulle a su alrededor, buscando apoyo en quienes la rodean e interactuando con diversos personajes con los que conversa y aborda temas tabúes para la época. Durante estas dos horas de espera, nosotros, los espectadores, acompañamos a la protagonista en tiempo real, sumergiéndonos en sus emociones y en la ciudad misma.

Cada paso, cada encuentro, están filmado con una cámara ligera y un equipo mínimo, muy alejado de los estudios cinematográficos: el escenario son las calles de París en su estado más natural. Esta libertad de rodaje constituye un excelente ejemplo de cine independiente, donde la autonomía y la capacidad de autogestión de la directora se hacen evidentes: ella decide todo, desde la luz hasta el ritmo narrativo. Así, Cléo de 5 à 7 nos muestra cómo la independencia creativa puede convertirse en un acto de resistencia frente a la industria y en un camino hacia una narrativa más íntima y humana.

Agnès Varda durante el rodaje de Daguerréotypes (1976), documental filmado en la rue Daguerre de París, la misma calle donde vivía; Varda lo rodó limitándose al radio que permitía el cable eléctrico de su equipo.

Se trata del segundo largometraje de Agnès Varda, reconocida como la gran voz femenina de la Nouvelle Vague y una de las pioneras del cine hecho por mujeres y feminista. Desde sus inicios, desafió las convenciones del cine tradicional y, a lo largo de su carrera, fue reconocida con numerosos premios, entre ellos el León de Oro del Festival de Venecia y, en 2017, un Óscar Honorífico por su vida y obra.

Nacida en 1928 en Ixelles, un barrio de Bruselas, Agnès Varda se trasladó a París tras la Segunda Guerra Mundial para estudiar Historia del Arte en la Escuela del Louvre, con la intención de convertirse en curadora de museo, aunque finalmente decidió dedicarse a la fotografía. Su acercamiento al cine surgió de manera inesperada: tras pasar unos días filmando en la pequeña ciudad pesquera de Sète para un amigo con una enfermedad que le impedía viajar, Varda decidió realizar su primer largometraje que tituló La Pointe Courte (1955), donde retrataba la cotidianidad y los problemas de la población trabajadora. Desde entonces, comenzó a experimentar con la narrativa cinematográfica, combinando elementos de documental y ficción. Esta película ya mostraba su interés por historias humanas y realidades sociales, rodadas con presupuestos reducidos y equipos pequeños, anticipando la independencia y la autogestión que caracterizarían toda su carrera.

Agnès Varda durante el rodaje de La Pointe Courte (1955), su primer largometraje, en el barrio pesquero que le da nombre a la película, en Sète (Francia).

Sobre Cléo de 5 à 7, Varda afirmó: “Me llevó siete años realizarla porque no encontraba financiamiento […], no por ser mujer, sino porque estaba escribiendo el tipo de películas que requerían dinero. Quería que tratara sobre una mujer que se enfrenta a un gran miedo, que la lleva a reflexionar sobre sí misma. Así descubre que es una muñequita manipulada por los hombres, una niña que no toma decisiones y que se ve a sí misma únicamente a través de la mirada ajena. Durante esa hora y media, comienza a relacionarse de otra manera con todo”

(entrevista realizada por T. Jefferson Kline en 2014 para su obra Conversations with Filmmakers Series).

A lo largo de más de seis décadas, Varda exploró una amplia variedad de géneros: del cine de ficción al documental, pasando por cortometrajes y videoensayos; siempre manteniendo el control creativo sobre sus proyectos y utilizando la autonomía como herramienta para combatir las limitaciones de la industria cultural. Además, su trabajo está influenciado por la ‘teoría del autor’ de André Bazin, por el que el director no solo dirige, sino que también se preocupa de imprimir su estilo en el guión, la fotografía, la producción… Este método le permitió combinar su independencia creativa con un estilo distintivo y personal. Su obra se convirtió en un referente para cineastas independientes y artistas comprometidos con la innovación narrativa y la mirada personal sobre la realidad.

En 2017 recibió el Premio Donostia en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, donde aprovechó para presentar su película: Caras y lugares, realizada junto al artista JR, y en la que vuelve a explorar la intersección entre documental, juego y exploración social que caracteriza su cine. Este acontecimiento destaca por el discurso de Varda tras recibir el galardón honorífico, en el que subrayó que, para ella, el principal problema no ha sido su género, sino lo económico: “No sé si es la primera vez que se concede este premio a una persona cinematográficamente tan marginal, que hace cine sin dinero”, afirmó.

En ese sentido, se refirió a las dificultades de Caras y lugares, realizada gracias a un crowdfunding y a la ayuda de su hija, que consiguió financiación del MoMA de Nueva York (que compró una copia para su archivo antes de que empezase el rodaje) y de la Fundación Cartier. Durante el discurso Varda enfatizó que, a pesar de los desafíos económicos, siempre ha sido prioritario para ella no depender de la publicidad: “No podemos ser rehenes de la publicidad. No quiero vender productos. No conseguiré dinero, pero al menos hago un cine que es libre”. Y añadió: “Mi voluntad es la de hacer un cine que tenga sentido y no solamente dinero”.

Agnès Varda junto a su gata Nini, capturada por el artista JR durante el rodaje de Caras y lugares (2017).

La independencia creativa de Agnès Varda no solo le permitió desarrollar un estilo propio, sino que también le dio la libertad de explorar temas marginales y sociales, dando protagonismo a los sectores desfavorecidos y abordando temas actuales del momento de la producción, como las protestas de los Black Panthers, el aborto o la guerra de Argelia. Al mantener el control sobre cada aspecto de sus proyectos, desde la narrativa hasta la producción y la distribución, Varda construyó un cine comprometido con la realidad y con las personas que retrataba, sin someterse a las limitaciones de la industria tradicional. Sus logros demuestran que la producción independiente no solo es viable, sino que puede generar cine de calidad, innovador y profundamente humano.

En un contexto cultural cada vez más dominado por grandes estudios y la comercialización masiva, muchos artistas buscan mantener esa independencia que caracterizó la carrera de Agnès Varda. Plataformas de crowdfunding; festivales independientes como los que organiza IBERIFF (Iberia Indie Film Festivals) en diversas ciudades de la península como Madrid, Sevilla, Barcelona, Valencia y Lisboa, o ‘Cine No Visto’ en Jaén, el Festival Internacional de Cine Independiente de Orense y ALCINE en Alcalá de Henares; canales de distribución digital como NoBudge o MUBI; y proyectos colaborativos como Slated que funcionan como espacios de financiación colectiva y networking profesional para proyectos sin respaldo tradicional.

Estas alternativas permiten a las nuevas generaciones producir, financiar y difundir su trabajo sin depender de los grandes circuitos comerciales, tal como Varda hizo durante toda su trayectoria. Su ejemplo demuestra que la autogestión y la creatividad autónoma no solo son posibles, sino también herramientas estratégicas para mantener la libertad artística y la innovación.

La trayectoria de Varda se convierte así en un ejemplo de resistencia cultural: un recordatorio de que la autonomía y la autogestión son herramientas poderosas para preservar la creatividad, la diversidad y la libertad artística en cualquier contexto.


Artículo de Ainhoa De la Asunción Martínez

Instituto de Gestión Cultural y Artística

Formación especializada en Gestión Cultural y las Industrias Culturales y Creativas

Máster de Formación Permanente en Gestión Cultural

Inicio: 13 de octubre de 2025

1500 horas – 60 créditos ECTS

Modalidad: Online (Campus Virtual de IGECA)

}

Horario: Flexible