Alba Arcos Bernal: “Una verdadera interpretación del patrimonio activa emociones y pensamiento crítico”

26 de mayo de 2026

Con motivo de la impartición del curso presencial organizado por IGECA para la Junta de Castilla y León, entrevistamos a Alba Arcos Bernal, historiadora del arte, educadora y gestora cultural especializada en mediación e interpretación patrimonial.

Actualmente desarrolla su labor profesional en el Departamento de Mediación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y como guía de visitas accesibles para Madrid Destino, compaginando esta actividad con el diseño de recorridos y experiencias culturales en el Museo del Prado.

En esta conversación abordamos la necesidad de construir nuevas formas de conexión entre patrimonio, ciudadanía y emoción desde una perspectiva contemporánea, accesible y socialmente transformadora.

Tu trabajo se sitúa en el ámbito de la interpretación del patrimonio artístico. ¿Cómo definirías esta disciplina y qué la diferencia de una visita guiada convencional?

En mi trabajo, la interpretación consiste en generar conexiones entre las personas y el patrimonio, y bajo mi experiencia, nos equivocamos al pensar que se trata de transmitir información unidireccionalmente, lanzando fechas o datos técnicos – a veces con la intención de demostrar que poseemos un gran conocimiento teórico sobre el tema -.

Por ello, es tan importante traducir la historia y el arte a un lenguaje humano, emocional y accesible.

Esto es lo que diferencia una visita guiada convencional de una verdadera interpretación del patrimonio que busque activar preguntas, suscitar emociones y despertar el aparato crítico de los visitantes bajo la premisa de que sientan que el patrimonio también les pertenece.

Tanto el Museo del Prado como el Museo Reina Sofía tienen modelos muy distintos de mediación cultural. ¿Qué aprendizajes consideras más valiosos de cada institución?

Debemos tener cuidado al enfocar la mediación cultural en estos grandes espacios, ya que solemos caer en el error de pensar que lxs visitantes van a conectar de la misma manera al tratarse de dos grandes museos nacionales, dando por hecho que, por un lado, el/la visitante viene con un poso general de conocimiento, cosa que desde luego no siempre es así.

En el caso de mis visitas en el Museo del Prado, siempre tengo en cuenta que es una de las pinacotecas más importantes y conocidas del mundo, por lo que sé que cuenta con obras profundamente arraigadas en el imaginario colectivo, y aunque parezca obvio, tiene su parte contraproducente.

“Reeducar” es siempre más difícil que “educar”. Me explico: cuando alguien parte de ciertas opiniones previas, conocimientos y por qué no, estigmatizaciones sobre una obra o un/a artista que cree conocer, el trabajo de mediación es mucho más difícil que cuando se trata de un contexto más desconocido – pongamos el caso de la cuarta planta del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) – ya que ésta actualmente reúne la colección de arte contemporáneo desde 1975 hasta la actualidad, y aunque ésta levante más polémica, suele ser menos popular. En ese sentido, me resulta más fácil introducir al/la visitante desde el primer momento.

Por otra parte, en lo profesional, el MNCARS ha supuesto un reto a la hora de enfocar la mediación como un espacio de diálogo seguro y de pensamiento crítico hacía ciertos temas expuestos a los que el público general no está acostumbrado. Por eso, me resulta vital expresar que no existe una única lectura válida y que las visitas guiadas en este sentido son una experiencia en sí misma portadora de significado.

En conclusión, sí que creo que hay algo en ambos modelos que se complementa, aunque uno conecte desde la memoria y el relato histórico, y el otro lo haga desde la reflexión más participativa, menos “superficial” y plantee problemáticas contemporáneas.

Alba Arcos Bernal

Alba Arcos Bernal

En tu experiencia, ¿cómo cambia la relación del público con una obra cuando existe una verdadera interpretación patrimonial y no solo una explicación histórica o técnica?

Cambia la experiencia global del visitante al completo.

Suelo insistir tanto en el verdadero poder de la comunicación porque si hay algo por lo que no tengo miedo a la IA y a los supuestos equipos de trabajo que sustituirá en un futuro, es por la capacidad que tenemos los seres humanos a la hora de transmitir emociones, algo que afortunadamente siempre nos diferenciará de las máquinas.

Lo contrario sería limitarse a leer en automático una entrada de Wikipedia sobre una escultura, un palacio o una pintura, y sinceramente, no sé si alguien pagaría porque un profesional reprodujera palabra por palabra lo que ha estudiado como si acabara de aprendérselo de camino al punto de encuentro.

Tampoco se trata de entender nuestro trabajo como si fuésemos enciclopedias vivientes. Ni nos sabemos todas las fechas en las que vivieron lxs artistas, ni somos el quesito de cultura del Trivial. En mi opinión, es una cuestión de interiorizar lo que de manera teórica aprendemos ya sea en la universidad, en cursos de formación, o hasta en visitas guiadas, y convertir el tema en algo tuyo.

Es más, añadiría que una verdadera interpretación patrimonial tiene el poder de conectar una obra con la propia experiencia vital del público y le invita a participar de ella activamente, y ahí, cuando desaparecen las “barreras” y la distancia entre institución y visitante, es cuando lo estamos haciendo bien.

Vivimos un momento en el que los museos buscan ser espacios más accesibles y participativos. ¿Qué retos detectas actualmente en la mediación cultural en España?

Como comentaba anteriormente, para mí es esencial que la mediación dirija sus esfuerzos en acercar a todo el público al museo. Se trate de una institución más prestigiosa o no, uno de los mayores retos es abandonar la idea de que es un espacio exclusivamente académico o elitista, tal y como sucedía en el siglo XIX.

Por otro lado, aunque se están produciendo avances, pensar en la inclusión y la accesibilidad desde el origen de cualquier proyecto museístico es clave para respetar uno de los derechos humanos, que es defender que la cultura no es un privilegio, sino un derecho.

No podemos olvidarnos de que vivimos en un mundo lleno de estímulos y en el que los ritmos de comunicación son frenéticos. Las redes sociales y los nuevos formatos de consumo en materia de cultura han de ser tenidos en cuenta por los equipos de mediación – que a veces corren el riesgo de sufrir el señalamiento de la pérdida de rigor al incorporar las nuevas tecnologías como herramientas de apoyo -.

Por último, nos queda mucho para poder dignificar nuestro trabajo en materia de educación, mediación y gestión cultural, ya que sigue siendo uno de los sectores más precarizados de nuestro país.

¿Cómo se puede conectar con públicos que sienten el arte como algo lejano o elitista?

Es importante tener en cuenta el perfil de los visitantes que acuden a nosotrxs y a nuestros servicios. Aun así, creo que lo más efectivo es convencerles de que hay que olvidarse del miedo al prejuicio, ya que muchas personas, en particular los adolescentes, sienten que el museo es un espacio donde van a ser juzgadxs, por eso, son el grupo poblacional que supone un mayor reto a nivel institucional.

La comunicación es nuestra mejor aliada, ya que un discurso bien adaptado, utilizando un lenguaje cercano que les invite a generar diálogo y les haga sentir que a través del arte pueden expresar sus emociones o despertar su creatividad; y además de esto, ayudarles a comprender cómo lxs artistas siempre se han enfrentado a conflictos sociales, problemas amorosos, luchas de poder, crisis de identidad…, en definitiva, acercarles a estas figuras como personas de carne y hueso que tuvieron la oportunidad de expresarse de múltiples formas. Esa es una de tantas razones por las que no me gusta utilizar el término “genio” cuando hablo de artistas, ya que quizá al subirlos al pedestal de la genialidad, los idealizamos tanto que nos olvidamos de que eran seres humanos como cualquiera.

¡Ojo! Que no se me olvide la vía del humor o de las referencias contemporáneas en la cultura popular. De hecho, a través de mi proyecto de La Ardilla del Arte intento demostrar que se puede hablar de arte e historia sin caer en discursos excesivamente solemnes.

Desde luego el elitismo cultural no es un mito, es una barrera real construida en los entornos institucionales que a menudo intimida en lugar de acoger. Y son muchas las personas a las que le frena el miedo a quedar en evidencia o no partir de la misma “base” con la que se supone que el resto cuenta.

Yo diría que el secreto para combatirlo no está en «bajar el nivel» del discurso, sino en insistir en el papel de la mediación. Pequeños trucos como no dar nada por sentado o por sabido, con preguntas participativas donde no hay una respuesta correcta les empodera; buscar el vínculo con cuestiones actuales, usar un lenguaje claro, salir de las “cuatro paredes” del museo o institución, y en definitiva, conseguir que se sientan parte activa de la historia y el patrimonio cultural.

En el caso del arte contemporáneo, muchas personas sienten cierta distancia o dificultad de comprensión. ¿Qué herramientas interpretativas funcionan mejor para generar cercanía?

Con el arte contemporáneo lo más normal es escuchar frases como «eso lo hace mi hijo de cinco años» o «me están tomando el pelo», pero como mediadora, sabes que este rechazo en parte es normal y no es culpa del público.

Diría que las herramientas interpretativas precisamente consisten en generar preguntas, debate y reflexión, aunque sería un error creer que todo el arte contemporáneo funciona igual. Por ejemplo, las instalaciones, el arte sonoro o las performances a veces requieren que el cuerpo del espectador complete la obra, y a partir de aquí, se experimenta el cambio del «no entiendo» al «siento».

Otras obras requieren concentrar el esfuerzo en el proceso creativo, no tanto en las piezas en sí mismas, y aquí entra la importancia del contexto.

¿Qué papel juega la emoción dentro de la interpretación del patrimonio artístico?

Quizá esta respuesta varíe mucho dependiendo de la persona entrevistada. Para mí, la respuesta es sencilla. Las emociones juegan un 100% en esta profesión.

Quizá durante mucho tiempo esto ha sido diferente, y acudir a una visita guiada era una amalgama de datos fríos, intelectuales y rígidos que cualquier visitante olvidaba de un día para otro. En este sentido, la emoción es el pegamento, el anclaje emocional que marca la diferencia y hace que recuerdes ese día y fijes esos conocimientos de una manera mucho más efectiva.

Además, un patrimonio que se siente, se ama; y lo que se ama, se protege. Ahí es donde la mediación cultural cumple su verdadera función social.

Desde tu perspectiva, ¿cómo pueden dialogar hoy instituciones como el Prado y el Reina Sofía con problemáticas contemporáneas y sociales?

Aunque parezca paradigmático, y a pesar de sus diferencias, tanto el Museo Del Prado como el Museo Reina Sofía tienen una potencia enorme para dialogar con las problemáticas sociales que nos abordan hoy.

Lo normal es pensar (o sentir) que las obras expuestas en el Prado y su contenido nos son muy lejanas, y sin embargo, en mi trabajo intento demostrar que hoy en día nos podemos sentir tremendamente identificados paseando por sus salas.

En cada una de las visitas intento explicar que lxs artistas tenían preocupaciones e inquietudes muy parecidas a las actuales, como problemas en el trabajo, líos amorosos, enfados entre amigxs, o querer inmortalizarse a sí mismos con una “selfie” al estilo Durero. Por eso insisto en que me gusta bajar del limbo a los considerados “genios” y encontrar paralelismos entre nosotrxs y ellxs.

Por otro lado, recorro las colecciones del Reina Sofía insistiendo en que la colección de arte contemporáneo tiene como función cuestionarnos cómo muchas de las preocupaciones que hoy nos ocupan ya estaban presentes desde hace mucho tiempo. Por ello, propongo releer el pasado a través de las colecciones como si fuera un espejo del presente.

En los últimos años se habla mucho de experiencias inmersivas y nuevas tecnologías en museos. ¿Crees que enriquecen realmente la interpretación o existe el riesgo de desplazar la obra artística?

Creo firmemente que las tecnologías inmersivas son herramientas de mediación extraordinarias y que bien planteadas enriquecen la interpretación de forma positiva, pero el peligro surge cuando las tecnologías aplicadas al patrimonio se convierten en el fin y no en el medio. Es un problema cuando éstas eclipsan la experiencia cultural.

Mi postura siempre estará en encontrar un equilibrio entre la tecnología como un puente que invite a mirar la pieza con más atención, pero nunca un sustituto que la reemplace.

¿Qué importancia tiene la narrativa en la construcción de una visita o experiencia cultural significativa?

Para mí, la narrativa es la columna vertebral de cualquier experiencia cultural significativa. Me niego a entender mí trabajo como una acumulación estricta de datos sin un relato porque tengo claro que de lo que se van a olvidar los visitantes al cruzar la puerta de salida es de lo primero. Además, una buena narrativa transforma la información en emoción, y como decía antes, la emoción es el vehículo hacia la memoria y del aprendizaje.

Es vital tener en cuenta que la narrativa es una herramienta clave de inclusión y accesibilidad porque nos permite acoger y conectar con distintos sin perder el rigor científico.

Por último, en un mundo rodeado por la inmediatez, el scroll y la falta de atención, creo que la narrativa es el motor idóneo para activar el pensamiento crítico y de esta manera conseguir que el visitante pase de sentirse un espectador pasivo, a un agente activo que disfruta y participa de la experiencia cultural.

Como docente de IGECA en este curso en León, ¿qué aspectos consideras fundamentales transmitir a futuros profesionales de la gestión e interpretación cultural?

Sin duda, como docente durante estas jornadas al margen de los bloques más teóricos, me propongo transmitir a lxs alumnxs la gran responsabilidad de formar a futuros profesionales del sector cultural con capacidad de acción. Pero sin duda, mis mayores esfuerzos van encaminados a aplicar el reflejo de lo que hago diariamente en mí trabajo.

Me gustaría que el alumnado entendiese la conexión real con el territorio y sus comunidades, y trabajar en León en ese sentido me da el marco perfecto para entender que debemos escuchar el entorno, a identificar las necesidades del público y diseñar experiencias inclusivas que generen valor social.

Por otro lado, quiero contagiarles la capacidad de adaptación profesional, ya que nuestro sector cambia a una velocidad vertiginosa, y nosotrxs como profesionales debemos de mantener una curiosidad activa, de perder el miedo a experimentar y de mantener siempre una ética intachable respecto al patrimonio con el que nos relacionamos.

En definitiva, mi meta como docente es que salgan de este curso con herramientas prácticas, con un criterio crítico afilado y con la convicción de que la cultura es un motor de transformación social.

¿Qué habilidades debería desarrollar hoy una persona que quiera dedicarse profesionalmente a la mediación cultural y la interpretación del patrimonio?

Sin duda las dotes comunicativas, la escucha activa, la capacidad de observación y adaptarse al entorno, a lxs visitantes y la resolución rápida de incidencias.

¿Cómo imaginas el futuro de los museos y de la relación entre arte, ciudadanía y educación cultural?

Imagino un futuro en el que no haya barreras entre las personas y el espacio que quieran visitar u ocupar. Y no sólo me refiero a las barreras físicas de accesibilidad o a los precios de las iniciativas culturales, sino también a las barreras invisibles de carácter social y cognitivo. Imagino un futuro donde nadie se sienta excluido de un museo por pensar que «ese lugar no es para él» o que «no tiene los conocimientos suficientes» para entender lo que hay dentro.

A partir de ahí, imagino el museo lejano de su concepción tradicional como templo sagrado de contemplación para convertirse en espacios de encuentro, debate y co-creación donde la ciudadanía no solo va a «consumir» cultura, sino a generarla. El museo del futuro debe ser un espejo de la diversidad de la sociedad, un lugar que se habita de forma natural, como quien va a un parque o a una biblioteca.

El arte ya no se mirará desde la distancia académica, sino que servirá como herramienta para hacernos preguntas sobre nuestro presente o sobre nuestra identidad.

También me imagino la educación cultural del futuro, que no consistirá en visitas escolares donde se memorizan datos, sino un proceso bidireccional donde el museo se convierta en el gran aliado de centros educativos, barrios y los colectivos sociales.

Finalmente, ¿qué proyectos o líneas de investigación estás desarrollando actualmente o qué retos tienes por delante?

Actualmente me encuentro en un momento profesional fascinante, ramificado en varias líneas que se retroalimentan constantemente y que responden a mi forma de entender la mediación, la gestión y la educación cultural.

Mi proyecto central y más personal es La Ardilla del Arte, a través del cual desarrollo mi labor como educadora en el Museo del Prado. Mi línea de trabajo e investigación aquí se centra en romper el formato de la visita guiada tradicional para diseñar recorridos desde diferentes perspectivas, como el cine o la perspectiva de género.

Ligado a esto, mi segundo gran reto y línea de desarrollo es la divulgación cultural en redes sociales. Mi reto actual es mantener el equilibrio perfecto y conseguir llevar el rigor científico a formatos dinámicos, frescos y accesibles, creando una comunidad activa que entienda que el arte es un derecho y un lenguaje que les pertenece.

Finalmente, este año se ha abierto para mí el campo de la docencia, un ámbito que me ha apasionado descubrir. Mi gran reto de cara al futuro es consolidar esta faceta, trasladando toda la experiencia acumulada a pie de salas expositivas e a las aulas de programas como este curso de IGECA en León.

En el fondo, mis tres proyectos persiguen lo mismo: derribar esas barreras entre el arte y las personas, ya sea desde una sala en el Museo del Prado, desde la pantalla de un teléfono o desde el aula de una escuela de Formación


Muchas gracias, Alba.

Instituto de Gestión Cultural y Artística

Formación especializada en Gestión Cultural y las Industrias Culturales y Creativas

Máster de Formación Permanente en Gestión Cultural

Inicio: 13 de octubre de 2025

1500 horas – 60 créditos ECTS

Modalidad: Online (Campus Virtual de IGECA)

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Horario: Flexible