El próximo jueves 3 de septiembre, a las 19:00 horas, el Espacio La Panera de La Laguna inaugura «Vida útil», una exposición conjunta de Davi Kabaro y Marina Valls, conocida artísticamente como Señora Valls. La muestra podrá visitarse hasta el 10 de octubre en la sede del espacio, situada en la calle Manuel de Ossuna, 73.
La exposición reúne dos universos creativos diferentes que dialogan a través del color, la sensibilidad, los materiales y la recuperación de técnicas nacidas en el ámbito popular y doméstico. El lenguaje textil de Davi Kabaro se aproxima al territorio canario desde una perspectiva política e insular, mientras que la cerámica de Marina Valls transforma objetos y situaciones cotidianas para invitarnos a contemplarlos desde una mirada nueva.
En esta entrevista, ambas artistas explican los puntos de encuentro y los contrastes entre sus obras, sus respectivos procesos creativos y las ideas que articulan «Vida útil».
Davi Kabaro (D.K.)
Marina Valls (M.V.)
¿Cómo nació esta exposición y qué encontrará el público cuando visite La Panera?
D.K. Nació gracias a la intuición de Elena García, la persona que está al frente de la sala. Se le ocurrió que nuestros lenguajes, el de Marina —que así se llama Señora Valls— y el mío, podían convivir. Creo que el público va a encontrar dos universos diferentes, con dos sensibilidades y estéticas distintas, pero con un mismo nexo común: aquello que es puro en el ser humano.
Todo surge de una idea muy concreta que empezamos a perfilar antes de comenzar a producir: queríamos poner el foco en que ambas trabajábamos con técnicas «que hablaban del pueblo porque surgían de él».

Davi Kabaro
Compartís esta muestra. ¿Qué vínculos o contrastes se establecen entre vuestras respectivas obras?
D.K. Creo que el uso del color es un elemento clave que une nuestros lenguajes. Eso y la sensibilidad. Creo que cualquiera que contemple nuestras piezas encontrará mucha sensibilidad detrás de ellas.
El mayor contraste es, sin duda, la técnica. Marina es ceramista y, por tanto, ofrece acabados brillantes y sólidos; mi lenguaje es el textil, por lo que pertenece a un universo más opaco, blando y moldeable.
Otro punto en común es el proceso. Son técnicas cuyo resultado no se ve realmente hasta que las obras están terminadas: yo trabajo desde la parte trasera del lienzo y ella, hasta que no cuece la pieza, no sabe exactamente cómo va a quedar. Ambos son procesos lentos.
M.V. Creo que nuestras obras parten de lugares y lenguajes diferentes, pero comparten una forma de mirar hacia aquello que tenemos cerca y que muchas veces pasa desapercibido. En mi caso, trabajo desde los objetos cotidianos y las situaciones que forman parte de nuestra vida diaria, intentando desplazar su significado para poder observarlos desde otro lugar.
Mi trabajo parte de una visión micro, centrada en lo cotidiano y lo próximo, mientras que Davi adopta una perspectiva más macro sobre el territorio y el patrimonio. Eso genera un encuentro entre dos maneras diferentes de aproximarnos a la realidad y da lugar a un diálogo interesante.
No hemos buscado que las obras se parezcan ni construir un discurso completamente cerrado entre ambas, sino permitir que convivan y se relacionen, dejando que sea también el espectador quien encuentre conexiones, contrastes o incluso fricciones entre ellas.
¿Existe un tema común que articule la exposición o cada artista presenta un universo propio?
D.K. Hay una idea central: ambas utilizamos técnicas que hablan del pueblo porque surgen de él, aunque cada una ha llevado esa idea hacia lugares diferentes. Marina habla más desde lo íntimo y lo doméstico, mientras que yo lo hago desde una mirada política e insular.
Pero creo que ahí reside precisamente lo interesante: que desde una misma premisa se haya llegado a puntos tan diferentes.

Marina Valls
¿Qué obras habéis seleccionado para esta ocasión y qué momento de vuestras trayectorias representan?
D.K. Todas las obras han sido producidas ad hoc para la exposición. Creo que representan un punto de madurez diferente. Vengo de hablar más desde la belleza y lo sensible y ahora he querido hacer algo distinto, reivindicativo y con sentido.
Pero no me gustaría pensar que este es mi punto más elevado de madurez. Pretendo seguir madurando artísticamente y perfilando aún más mi lenguaje, siempre manteniendo lo textil como piedra angular.
M.V. Para «Vida útil» he elaborado expresamente alrededor del noventa por ciento de las obras, como resultado del trabajo que llevo desarrollando durante estos últimos años en torno a los objetos cotidianos.
La exposición parte de un conjunto de piezas que utiliza la cocina como metáfora del proceso creativo. Me interesaba pensar cómo representar físicamente algo tan difícil de explicar como el momento en el que aparece una idea, se mezcla con otras, cambia, se prueba, se descarta o termina convirtiéndose en una obra.
La cocina apareció de una manera bastante natural porque es un espacio cotidiano que todos reconocemos, pero también un lugar de transformación. Hay ingredientes, herramientas, recetas, tiempos de espera, pruebas, errores y accidentes. Todo eso tiene mucho que ver con mi manera de trabajar.
Las piezas que aparecen dentro de esta cocina funcionan como representaciones de las distintas partes del proceso creativo: organización, valoración, cocción… De esta manera, trato de simplificar algo tan complejo como la creación artística.
¿Cómo es vuestro proceso creativo y de dónde proceden las imágenes, emociones o ideas que impulsan vuestro trabajo?
D.K. En este caso ha sido diferente porque ha habido mucha investigación detrás: he leído numerosos artículos y noticias. He querido ser muy fiel a los datos y ponerme la bata de analista antes que la de artista. Era importante partir de datos rigurosos y después darles un acabado sensible y estético.
Parto de ideas o temas concretos sobre los que me interesa hablar y después los paso por el filtro creativo para abordar cuestiones serias desde la belleza o la estética.
Todo lo mueve la necesidad de poner mi granito de arena en las reivindicaciones que se hacen desde la isla. Las obras surgen, en realidad, de una culpa —creo que bien entendida— por no estar poniendo el cuerpo en las luchas. Por eso pongo el arte, que es mi forma de comunicar.
M.V. El planteamiento de esta exposición surgió de un proceso de búsqueda bastante abierto. Al principio me sentía atascada porque tenía muchas ideas y no encontraba la manera de ordenarlas ni de decidir qué quería contar. Hasta que no me senté a dibujar, escribir y pensar con calma la propuesta, no encontré un camino que seguir.
La sensación es parecida a comer Peta Zetas: esa experiencia efervescente e incontrolable de las ideas burbujeando, combinadas con el trabajo y la experiencia. A través de anotaciones, bocetos y distintas aproximaciones, todo fue tomando forma. Ese proceso de pensamiento y dibujo me permitió relacionar las ideas, descartar algunas, desarrollar otras y entender qué elementos podían tener más sentido dentro de la exposición. A partir de ahí seleccioné las piezas que consideraba más interesantes y que mejor representaban el recorrido que quería mostrar. Esas son las que he realizado para esta ocasión.
Las ideas funcionan como ingredientes: algunas son dulces y de colores; otras llevan mucho tiempo guardadas; algunas combinan entre sí y otras no. Se mezclan, se transforman, se prueban y se rectifican. A veces se sigue una especie de receta y otras se improvisa por completo.
También hay errores, cosas que no funcionan, elementos que cambian durante el proceso o que terminan convirtiéndose en algo distinto de lo previsto. Me interesa esa dimensión porque la creación no es una línea recta, sino una acumulación de pensamientos, dibujos, decisiones, intuiciones y accidentes que, poco a poco, dan forma a la obra.
Esta cocina permite compartir con el espectador ese recorrido y abrirle la puerta a un lugar normalmente invisible: aquel en el que las ideas todavía se están ordenando, probando y convirtiendo en piezas.

Cartel de la exposición «Vida útil» de Davi Kabaro y Marina Valls
¿Qué importancia tienen los materiales, el color y la dimensión simbólica dentro de vuestras obras?
D.K. El textil lo tiene todo; toda la importancia, quiero decir. Surge de la necesidad de poner en valor técnicas que mis abuelas y bisabuelas practicaban desde el salón de sus casas. Son técnicas que históricamente han sido consideradas un arte menor, vinculadas al ámbito doméstico y frecuentemente relegadas dentro de las jerarquías artísticas.
El color lo es todo, tanto en mi práctica artística como en mi vida. No sé vivir sin color. Me gusta hablar en un tono serio, pero utilizar el color para enfatizar y suavizar.
Lo simbólico también lo es todo. Siempre he perseguido hacer un arte abstracto. Esta es quizá mi exposición más figurativa hasta la fecha, pero siempre desde el simbolismo. No me siento cómoda en lo explícito; me gusta jugar con el espectador y permitir que todo pueda ser muchas cosas.
M.V. El material es fundamental, especialmente en mi práctica: la cerámica. No la entiendo únicamente como un medio con el que fabricar una forma. Sus propias características —el peso, la fragilidad, los tiempos de espera, las transformaciones durante la cocción o incluso la posibilidad de error— forman parte del significado de las piezas.
Me interesa especialmente utilizarla para representar objetos que originalmente pertenecen a otros materiales o a contextos completamente diferentes. Cuando algo cotidiano, efímero o desechable se convierte en cerámica, cambia nuestra relación con ese objeto. Adquiere peso, presencia y cierta permanencia, pero, al mismo tiempo, continúa siendo frágil.
¿Ha influido el Espacio La Panera o la propia ciudad de La Laguna en la concepción y presentación de la muestra?
D.K. Ha influido, sobre todo, la isla; el archipiélago en general. Lo que sucede, aquello que se reivindica y también lo que no se reivindica lo suficiente.
M.V. El Espacio La Panera ha influido mucho, sobre todo por la manera de trabajar con Elena. Ella siempre consigue abrir mi mirada y plantearme otras formas de acercarme a mi propio trabajo. Me proporciona el espacio y la confianza necesarios para probar, investigar y crear cosas nuevas, incluso sin saber exactamente cuál será el resultado. Para mí, eso es un lujo.
Compartir la exposición con Davi también ha puesto sobre la mesa otros materiales que no suelo utilizar en mi práctica, como las lanas, y ha sido muy interesante integrarlos.
En esta exposición, esa libertad ha sido especialmente importante porque me ha permitido experimentar y llevar algunas ideas a lugares que quizá no habría explorado de otra manera. Más que adaptar un trabajo ya cerrado al espacio, «Vida útil» también se ha ido construyendo a través de ese proceso de conversación, prueba y descubrimiento.
¿Qué os gustaría que sintiera, pensara o se llevara consigo quien recorra la exposición?
D.K. Me gustaría que la exposición nos ayudara a empoderarnos. Que sirviera para demostrar que un mismo mensaje se puede expresar de muchas maneras y que estamos en nuestro derecho de querer cuidar nuestro hogar.
Me gustaría que el público se llevara datos y temas sobre los que hablar después; cuestiones que debatir y posibles soluciones. Quisiera mover un poco el avispero para que la clase política deje de poner excusas, se dejen de primar los intereses económicos ajenos y empiecen a importar Canarias y su gente.
M.V. Una de las cosas que más me interesan es convertir lo cotidiano en un elemento de reflexión y detener durante un momento la mirada sobre algo que normalmente no miraríamos dos veces.
¿Qué proyectos tenéis previstos después de esta muestra?
D.K. Tengo algún proyecto que espero que salga adelante relacionado con el mundo de la decoración hotelera, un ámbito que todavía no he transitado, pero que me apetece mucho explorar. También existe algún proyecto muy ilusionante del que prefiero no hablar para no gafarlo.
Además, quiero comenzar a trabajar con otros materiales, como la fibra de plátano, y desarrollar nuevas piezas a partir de ellos.
M.V. Mi intención es seguir trabajando y desarrollando las propuestas e ideas en las que estoy inmersa actualmente, profundizando en algunas de las líneas que han ido apareciendo en los últimos proyectos y descubriendo hacia dónde me lleva el propio proceso creativo.
Todo esto convive con el día a día del taller, la producción y las clases. Son facetas que se cruzan y se alimentan entre sí: una pieza puede llevarme a otra, una prueba puede abrir una nueva posibilidad o una idea puede reaparecer más adelante desde otro lugar.
Seguiré, por tanto, creando, investigando y dejando espacio para que las ideas evolucionen. Al final, el taller y las ideas nunca permanecen quietos.
Más sobre las artistas y el espacio
Web de La Panera
Davi Kabaro ha sido alumna del Curso Gestión Cultural de IGECA, en el curso académico 2025/2026




